5 Aventuras de shrlock holmes

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Cinco aventuras
de Sherlock Holmes
Sir Arthur Conan Doyle
ÍNDICE
La liga de los pelirrojos
La aventura de un caso de identidad
El misterio del Valle de Boscombe
La aventura de las cinco semillas
de naranja
El carbunclo azul

La liga de los pelirrojos
Había ido yo a visitar a mi amigo el señor Sherlock Holmes cierto día de otoño
del año pasado, y me lo encontré muy enzarzado enconversación con un caballero
anciano muy voluminoso, de cara rubicunda y cabellera de un subido color rojo.
Iba yo a retirarme, disculpándome por mi entremetimiento, pero Holmes me hizo
entrar bruscamente de un tirón, y cerró la puerta a mis espaldas.
—Mi querido Watson, no podía usted venir en mejor momento —me dijo con
expresión cordial.
—Creí que estaba usted ocupado.
—Loestoy, y muchísimo.
—Entonces puedo esperar en la habitación de al lado.
—De ninguna manera. Señor Wilson, este caballero ha sido compañero y
colaborador mío en muchos de los casos que mayor éxito tuvieron, y no me cabe
la menor duda de que también en el de usted me será de la mayor utilidad.
El voluminoso caballero hizo mención de ponerse en pie y me saludó con una
inclinación decabeza, que acompañó de una rápida mirada interrogadora de sus
ojillos, medio hundidos en círculos de grasa.
—Tome asiento en el canapé —dijo Holmes, dejándose caer otra vez en su
sillón, y juntando las yemas de los dedos, como era costumbre suya cuando se
hallaba de humor reflexivo—. De sobra sé, mi querido Watson, que usted participa
de mi afición a todo lo quees raro y se sale de los convencionalismos y de la
monótona rutina de la vida cotidiana. Usted ha demostrado el deleite que eso le
produce, como el entusiasmo que le ha impulsado a escribir la crónica de tantas
de mis aventurillas, procurando embellecerlas hasta cierto punto, si usted me
permite la frase.
—Desde luego, los casos suyos despertaron en míel más vivo interés —le
contesté.
—Recordará usted que hace unos días, antes que nos lanzásemos a abordar
el sencillo problema que nos presentaba la señorita Mary Sutherland, le hice la
observación de que los efectos raros y las combinaciones extraordinarias debíamos
buscarlas en la vida misma, que resulta siempre de una osadía infinitamente
mayor quecualquier esfuerzo de la imaginación.
—Sí, y yo me permití ponerlo en duda.
—En efecto, doctor, pero tendrá usted que venir a coincidir con mi punto de
vista, porque, en caso contrario, iré amontonando y amontonando hechos sobre
usted hasta que su razón se quiebre bajo su peso y reconozca usted que estoy en
lo cierto. Pues bien: el señor Jabez Wilson, aquí presente, ha tenido laamabilidad
de venir a visitarme esta mañana, dando comienzo a un relato que promete ser
uno de los más extraordinarios que he escuchado desde hace algún tiempo. Me
habrá usted oído decir que las cosas más raras y singulares no se presentan con
mucha frecuencia unidas a los crímenes grandes, sino a los pequeños, y también,
de cuando en cuando, en ocasiones en las que puedeexistir duda de si, en efecto,
se ha cometido algún hecho delictivo. Por lo que he podido escuchar hasta ahora,
me es imposible afirmar si en el caso actual estamos o no ante un crimen; pero
el desarrollo de los hechos es, desde luego, uno de los más sorprendentes de
que he tenido jamás ocasión de enterarme. Quizá, señor Wilson, tenga usted
la extremadabondad de empezar de nuevo el relato. No se lo pido únicamente
porque mi amigo, el doctor Watson, no ha escuchado la parte inicial, sino también

porque la índole especial de la historia despierta en mí el vivo deseo de oír de
labios de usted todos los detalles posibles. Por regla general, me suele bastar una
ligera indicación acerca del desarrollo de los hechos...
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