Adela gracia

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  • Publicado : 4 de junio de 2011
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Adela Gracia
Aterrizar en la casa de Adela fue una de esas cosas surrealistas que a todos nos pasan alguna vez en la vida. El interés era mutuo, por mi parte agradecía los tres meses que viviría sin pagar la renta y ella necesitaba de mis servicios para cuidar a su amada Ágata durante su futuro viaje a Argentina. De entrada pareció que no nos entenderíamos, yo había llegado al conocimiento de suexistencia gracias a que mi madre, en su afán de cuidarme, me sugiriera que hablara con ella; es que su historia no era ajena a la historia de mi familia, la madre de Adela, Gracia, había sido gran amiga de mi abuela Elena a partir de que les tocara vivir casa de por medio en la misma calle, habían cultivado el mismo desprecio por sus propias posesiones y ese modelo de vida las había cautivadomutuamente. Así eran las amistades de la abuela, el único examen que había que superar era el de la generosidad, y Doña Gracia holgadamente excedía ese requisito. Adela, por su parte, había heredado de su madre esa virtud, su segundo nombre y por sobre todas las cosas, era depositaria de la mayor característica de ambas familias: sus reacciones eran absolutamente imprevisibles.
Por lo que pudesaber, la vida no le había sido fácil, su temperamento díscolo y extravagante no encajaba en los estándares de una niña del pueblo, el común de los mortales la había discriminado permanentemente por sus excentricidades, y ella de corazón sensible y aspecto extraterrestre, supo como espantar a todos aquellos que quisieran acercársele para, después de un tiempo de reflexión, dedicarse a la difícil ygratificante tarea de ser una trotamundo… había estudiado histrionismo, se había casado con un músico, recaló en Buenos Aires un tiempo y junto a su marido partieron a recorrer el mundo… Italia primero, Barcelona después… o por lo menos todo eso me dejó percibir mi madre cuando me dijo con su boca suavemente: "mirá que es gente especial" mientras su mirada me decía que estaban locos de remate, puesmamá y yo sabíamos eso de entendernos sin hablar.
Aun así y como siempre, no dudé en desoír las palabras nunca dichas y la llame por teléfono a los 15 días de estar en Barcelona para ver que pasaba. La respuesta fue inmediata. Me invitó a cenar pero me dio mal su dirección y ahí estaba yo buscando la cuarta planta de un edificio que tenia solo dos, pensando que como un tarado había escuchado mal yodiando tener que llamarla nuevamente para que me volviera a dar la dirección equivocada, por alguna razón ella pensaba que vivía en el 24 de Vallseca cuando sobre su puerta un enorme 14 la miraba intrigado en pensamientos existencialistas que hasta entonces no se había planteado. Me sorprendió también que tuviera que preguntarle a Jorge, su marido, si ellos tomaban vino cuando le dije quellevaría uno, pero claro… ésa fue mi primera sorpresa y decidí no darle importancia.
La cena estuvo llena de recuerdos de nuestro lugar natal, acompañada de anécdotas, teñida de nostalgia ¡y de gatos! yo me encontraba hipnotizado por el encanto de su profesión, eran artistas callejeros, titiriteros precisamente, y de los buenos, tenían historias que embelesaban, tenían memorias que abstraían y ¡teníangatos!! ¡No lo podía creer! No es que me molestaran las personas que tenían gatos, ¡es que me molestaban los gatos! Y además Ágata era la hija mimada de la casa, mientras Fígaro era el hijo que no habían tenido. Esa noche cerramos el acuerdo, 7 días después yo me mudaría con mi pequeño bolso a su departamento.
La decoración del piso era un tanto especial y obedecía totalmente al gusto de losvecinos, pues cada uno de los muebles que allí se encontraba, había sido recogido de la calle. Es que Barcelona ofrecía una gran tienda de segunda mano en sus calles, la gente cambiaba de muebles por cualquier cosa, aún porque el color no estaba a la moda. Me llamó la atención la cantidad de cajones en los muebles y la cantidad de muebles en la casa, pues ellos tenían por costumbre guardar las cosas...
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