Ahreloco

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  • Publicado : 21 de febrero de 2012
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El fútbol argentino es un ámbito en el cual la violencia gana por goleada desde hace años. Se nota, tanto en las piedras, los puñales y las pistolas que algunos llevan a la cancha cuanto en la comunicación puesta en práctica por protagonistas diversos.

El árbitro que se equivoca contra el equipo dirigido o en perjuicio de una escuadra débil, a juicio del especialista en el deporte no es un serhumano falible, sino alguien al que cabe sospechar de malintencionado o calificar, sin más, de ladrón.

Técnicos y comentaristas reproducen contra jueces lo que los barras bravas ejecutan contra sus pares y frente a la policía. El ámbito es copado por la cultura del otro-rival, otro-enemigo, otro-malo. Así en las tribunas como en el verde césped.

Tal estilo comunicacional no es compartido,sí entendido. Aparece en un ámbito donde algunos dirigentes de clubes apenas si han atinado a pedir moderación a las barras que los dominan cuando éstas deciden golpear a un técnico para que renuncie. Se hace fuerte en un fútbol que por cada partido permite escuchar un catálogo de cánticos que adhieren a la xenofobia, la homofobia y el racismo, sin que los comunicadores que analizan minuciosamenteel juego levanten la voz para, al menos, dejar constancia de tales consignas entonadas por cientos o miles de personas, según los cotejos.

Esa modalidad comunicacional es harto comprensible si se tiene en cuenta además la proliferación de medios que llaman correo de lectores o voz del hincha a cualquier tráfico de agravios y narraciones con aire jactancioso por parte de aquellos a los que,cuando pasan a mayores en sus agresiones físicas, se los critica duramente. Pruebas a la vista:


Dirigentes (?)

En un partido disputado en San Miguel de Tucumán, el local Atlético cayó 0-1 ante Rafaela, por la temporada ‘99/00 de la Primera B Nacional.
Al margen de los tres puntos perdidos o ganados según de cuál lado se mire, resta apuntar que luego de ese partido un hombre ingresó en elvestuario del árbitro Jorge Ferro a reprocharle su actuación.
En detalle se cuenta que quien entró en el camarín del juez del partido fue el gobernador de la provincia, Julio Miranda.
Se podría agregar que el máximo dirigente político de Tucumán no estaba solo, sino acompañado por gente entre la cual hubo uno que, según Puntal del 24 de febrero de 2000, golpeó a Raúl Bravo, asistente del árbitroJorge Ferro.

Nuevo episodio de violencia. Otra vez una negra mancha de tinta en el blanco papel. De modo semejante a las películas de Fredy, la pesadilla no estaba terminada. Faltaba el aporte de los presidentes de San Martín y Atlético Tucumán. El primero, José Gómez, expresó: "No se trató de agredir al árbitro, ya que el gobernador fue a darle seguridad. No se justifica su presencia en elvestuario, pero también hay que preguntarles a los árbitros por qué se equivocan tanto. Los árbitros son un asco y un horror".

"Hay que preguntarles a los árbitros por qué se equivocan tanto". El interrogante es de sencilla respuesta: los árbitros son seres humanos. Y bueno sería que los primeros en darse cuenta fueran los dirigentes de los clubes de fútbol.
Raúl Fioretti, titular de AtléticoTucumán, no fue menos que su par de San Martín cuando, respecto de la agresión contra un asistente del árbitro Jorge Ferro, sostuvo: "No hay justificativos, pero si al hecho le quieren dar un tinte político la cosa cambia. Yo creo que no es tan grave lo que pasó y que sólo hubo una agresión física de la gente que acompañó al gobernador".
"Sólo hubo una agresión física". Léase: "hombre grande, si no lomataron, apenas le pegaron, ¿de qué se queja?".
Julio Miranda, José Gómez y Raúl Fioretti son dirigentes. Sin ánimo de emular al periodista Mariano Grondona, se recuerda que el verbo asociado al sustantivo "dirigente" es "dirigir"[1] (1982 : 759), que es "guiar, encaminar hacia un determinado lugar"[2] (1982 : 759), según el diccionario Larousse.

¿Hacia dónde conducen personas como los tres...
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