Aki i aiia

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EL HOMBRE DE LA MULTITUD

Después de los padecimientos de una enfermedad de la que no hace mayor referencia, un hombre descansa dentro de un café mientras observa pasar a la multitud de Londres através de la ventana. En un principio los avizora como un movimiento colectivo, pero más tarde comienza a clasificar a la gente por grupos: los oficinistas, con una oreja extrañamente separada de lacabeza debido al lapicero que siempre albergan allí, los gentileshombres, los abogados, los comerciantes, los agiotistas y traficantes; y conforme el día comienza su declive, la población en las acerasde la ciudad comienza también un extraño descenso, entonces encuentra buhoneros judíos, mendigos profesionales, prostitutas jóvenes y viejas, borrachos de diferentes raleas, obreros que regresanfatigados a casa, organilleros, saltimbanquis, deshollinadores, ladrones, jugadores, y a medida que la noche se hace aún más profunda, los personajes también se van haciendo más sórdidos y ásperos, con lapiel bañada por una espantosa palidez y los ojos inyectados en sangre. Así, la oscuridad y la gaseosa luz de los faroles obligan al hombre a observar los rostros individualmente, con lo que de prontosus ojos chocan con el rostro asaz diabólico de un anciano decrépito. La curiosidad pica al hombre ante tan insólita figura, sobre todo cuando cree ver el brillo de un diamante y un puñal através desu abrigo desgarrado, y decide seguirlo para desentrañar alguna suerte de terrible secreto que seguramente esconde.

Así, lo sigue de cerca (y sin ser descubierto debido a que el viejo nunca echa lamirada a las espaldas) durante toda una noche lluviosa a través de buena parte de Londres, desde las calles céntricas en las que la gente disminuye conforme la noche se vuelve más madura, pasando porcallejuelas semidesérticas en las que el viejo parece sumirse en una extraña desesperación, hasta los arrabales más viles, en donde los transeúntes, las calles y las propias edificaciones están...
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