Alejandra

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Tarde o temprano

ELIZABETH ADLER

Cuando le pedimos a Elizabeth Adler que nos contara algo más acerca de los deliciosos platos que menciona en su novela Tarde o temprano, nos respondió: “Nosotros somos una familia que le gusta disfrutar de la comida”. Ella y su esposo, Richard, un abogado retirado, son amantes de la cocina. “Él prepara comida hindú y yo prefiero la italiana: risottos,osso buco. Pero lo que realmente disfruto es adornar ensaladas”. Su hija Anabelle es otro vínculo entre este libro y la vida personal de la autora. Ella estudió arquitectura pero algunos años más tarde dio una grata sorpresa a sus padres con la apertura de un café en Main Street en Santa Mónica.
Actualmente, la familia de Elizabeth vive al sur de California donde ella, oriunda de GranBretaña, disfruta del radiante Sol. Sin embargo, una vez al mes Elizabeth rinde tributo a sus raíces de Yorkshire con una comida inglesa tradicional de domingo que incluye roast beef, budín Yorkshire “y, por supuesto un pinot noir californiano, de Santa Bárbara”.

La maldad tiene una

manera especial de

hacernos comprendermejor a la “gente

bonita”.

Y con el amor

ocurre lo mismo...

Tarde o temprano.

Prólogo

1971

El acojinado asiento de cuero de la parte trasera del hermoso Bentley blanco convertible era rojo: el color favorito de Ellie Parrish Duveen. También estaba muy caliente. Caía la tarde; pero, como ellaapenas tenía cinco años, no sabía qué hora era.

El padre de Ellie iba sentado al lado de su madre, quien conducía. Él llevaba el brazo apoyado perezosamente sobre el asiento de su mujer e iba entonando Adelante, soldados de Cristo. Echó la cabeza atrás y cantó a todo pulmón las estrofas mientras la madre de Ellie reía de las payasadas de su marido. De cuando en cuando él se volvía, leguiñaba un ojo a Ellie y cantaba con más fuerza para la niña, lo que hacía reír todavía más a su madre mientras conducía por las peligrosas curvas que los llevaban montaña abajo.

El cálido Sol de California caía a plomo en ese momento sobre los rizos de la cabeza pelirroja de Ellie. El calor era tan fuerte que pensó que le secaría el cerebro. Levantó su sombrero de paja del piso del auto y se localó. Un bostezo la tomó por sorpresa, así que se deslizó aún más en el caliente asiento de cuero rojo.

Acababan de comer en una parada del camino, escondida en un valle de las montañas de Los Padres. Era un sitio que a Ellie le encantaba, había hombres vestidos de vaquero que preparaban carne a la parrilla, codornices y mazorcas de maíz, y cantaban al ritmo de los acordes de una guitarra.Su padre cantó con ellos mientras levantaba su vaso de cerveza y lo movía al compás de la música. Luego su madre se levantó y bailó haciendo girar sus largas faldas de gasa al tiempo que aplaudía sobre la cabeza, como si fuera una gitana española. A Ellie le fascinaba mirar y escuchar el zapateo de los pequeños pies de su madre, enfundados en unas costosas botas vaqueras blancas de piel delagarto. Pensaba que era una maravillosa bailarina.

A veces, Ellie oía comentarios acerca de sus padres. Quienes no los conocían los tildaban de locos. Los que sí, sonreían y los llamaban hippies ricos y excéntricos. Decían que si había una gran fiesta en alguna parte del mundo, sus padres estarían allí.

-¿Y por qué no? -respondía Romany Parrish Duveen cuando preguntaban por quéconsideraba necesario volar nueve mil o diez mil kilómetros, al otro lado del mundo, sólo para pasar una noche divertida. El lema de Rory Duveen era “la vida debe ser divertida”, y vivía apegado a él.

La comida de ese día había sido muy larga, y Ellie había comido mucho. El Sol le daba en la cara mientras dormitaba. La niña podía oír, como si viniera de muy lejos, la risa de su madre, y pensó...
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