Algunas formas de amar

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  • Publicado : 28 de septiembre de 2010
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-¿Así que deja que me marche sin una respuesta? -dijo el joven, poniéndose en pie de
mala gana y cogiendo los guantes de la mesa, sin dejar de mirar a la pequeña y obstinada
dama del sofá, que contemplaba su disgusto con la expresión amable y burlona de sus alegres
ojos azules que tanto le trastornaba.
-Le daré una respuesta si lo desea.
-Preferiría mantener la esperanza... ¿me permite ustedun rayo de esperanza?
-Sólo un rayo -contestó riendo, con el mismo aire perturbador de indulgencia-. Pero no
lo magnifique... tenemos la costumbre de magnificar los «rayos»... y no quiero que regrese, si
lo hace, con un sol abrasador.
-Es usted muy sincera, y un poco cruel.
-Me temo que quiero ser... las dos cosas. Es mucho mejor para usted -repuso, girando
los anillos alrededor de suspequeños dedos mientras hablaba, como si estuviera ya un poco
cansada de la entrevista.
-Me trata como a un muchacho -exclamó él, con cierta amargura juvenil.
-¡Ah! ¡La peor crueldad que se puede hacer con un muchacho! -respondió la dama,
levantando los ojos hacia él y esbozando su irritante y luminosa sonrisa.
Al encontrar la sombría mirada del joven, sin embargo, se detuvo; y abandonótemporalmente el tono banal de sus argumentos.
-Le ruego que me perdone, capitán Henley..
Él escrutó su rostro traicionero para ver si aquella petición, expresada con tanta
gravedad, encerraba cierta malicia, pero las palabras que siguieron le tranquilizaron.
-Le hablaré con más seriedad. Verá... sincera, quizá cruelmente... desconozco lo que
siente mi corazón -pronunció tan estudiada frase sintitubear, y observó con arrepentimiento el
rostro preocupado del joven mientras le asestaba el inocente golpe-. No es usted el primero. Y
es posible que no sea... el último.
Le costó decir aquello, a pesar de su aparente ligereza, pero él estaba demasiado absorto en sus pensamientos para percibir los matices más sutiles de su voz.
-No soy tan encantadora como cree -prosiguió ella-, pero era algoinevitable. ¿Diré
mejor que no soy tan encantadora como parezco? A los dieciocho años me casé... sin estar
enamorada, y no pretendo insinuar que nadie me empujara a hacerlo. Mi matrimonio fue un
fracaso, por supuesto. Y no quiero equivocarme de nuevo. Me repugna ayudarle a cometer un
error similar. Debe perdonarme, pero confieso que me parece usted... muy joven; pues los
años son algoengañoso... incluso con las mujeres.
Su rostro de muchacho era incapaz de disimular su enojo.
-¡Ah! Intentaba que sonriera, y está usted frunciendo el ceño. No me sentiría humillada
si alguien me agraviase con las palabras que a usted tan neciamente le ofenden; pero -por
suerte o por desgracia- no soy tan joven como usted. ¡Vamos, sea razonable! -dijo, con voz
especialmente dulce y persuasiva-. Sidesconozco lo que siente mi corazón, ¿le parece tan
extraño que piense que el suyo puede cambiar? Perdóneme de nuevo si me anticipo. He oído en mis tiempos demasiados «nunca» y «para siempre» insustanciales; y ahora los evito. Me
muestro más prudente al escucharlos. «Nunca», «para siempre» -repitió, y reflexionó sobre
esas palabras-. A veces pienso que sólo pueden pronunciarse con seguridad en elumbral de
otra vida. Me gustaría que no los empleáramos ahora. Le ruego que me conceda ese capricho.
-No soy tan poco fiable, indeciso, ni posiblemente tan cínico -empezó a decir; pero ella
le interrumpió con un gesto de su mano, pequeña y brillante.
-Justamente! Por ese motivo, quiero prevenirle -prosiguió ella-. Es usted aún más joven
de lo que creía. Me alegro... de todo corazón... de quese vaya al frente. Corte en pedazos a
todos los rufianes que pueda; con un poco de pelea adquirirá una gran sabiduría, y... ¡oh, sí!
¡Sé que resulto cruel!... le hace muchísima falta. Vuelva dentro de un año con su Cruz de
Victoria2 o sin ella; en cualquier caso, con un poco más de experiencia, y si decide regresar a
mi lado -él escuchó con una mueca de dolor la repetición de aquel «si»-,...
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