Allende

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Isabel Allende LA ISLA BAJO EL MAR

Zarite En mis cuarenta anos, yo, Zarite Sedella, he tenido mejor suerte que otras esclavas. Voy a vivir largamente y mi vejez sera contenta porque mi estrella -mi z'etoile- brilla tambien cuando la noche esta nublada. Conozco el gusto de estar con el hombre escogido por mi corazon cuando sus manos grandes me despiertan la piel. He tenido cuatro hijos y unnieto, y los que estan vivos son libres. Mi primer recuerdo de felicidad, cuando era una mocosa huesuda y desgrenada, es moverme al son de los tambores y esa es tambien mi mas reciente felicidad, porque anoche estuve en la plaza del Congo bailando y bailando, sin pensamientos en la cabeza, y hoy mi cuerpo esta caliente y cansado. La musica es un viento que se lleva los anos, los recuerdos y eltemor, ese animal agazapado que tengo adentro. Con los tambores desaparece la Zarite de todos los dias y vuelvo a ser la nina que danzaba cuando apenas sabia caminar. Golpeo el suelo con las plantas de los pies y la vida me sube por las piernas, me recorre el esqueleto, se apodera de mi, me quita la desazon y me endulza la memoria. El mundo se estremece. El ritmo nace en la isla bajo el mar, sacude latierra, me atraviesa como un relampago y se va al cielo llevandose mis pesares para que Papa Bondye los mastique, se los trague y me deje limpia y contenta. Los tambores vencen al miedo. Los tambores son la herencia de mi madre, la fuerza de Guinea que esta en mi sangre. Nadie puede conmigo entonces, me vuelvo arrolladora como Erzuli, loa del amor, y mas veloz que el latigo. Castanetean lasconchas en mis tobillos y munecas, preguntan las calabazas, contestan los tambores Djembes con su voz de bosque y los timbales con su voz de metal, invitan los Djun Djuns que saben hablar y ronca el gran Maman cuando lo golpean para llamar a los loas. Los tambores son sagrados, a traves de ellos hablan los loas. En la casa donde me crie los primeros anos, los tambores permanecian callados en la piezaque compartia con Honore, el otro esclavo, pero salian a pasear a menudo. Madame Delphine, mi ama de entonces, no queria oir ruido de negros, solo los quejidos melancolicos de su clavicordio. Lunes y martes daba clases a muchachas de color y el resto de la semana ensenaba en las mansiones de los grands blancs, donde las senoritas disponian de sus propios instrumentos porque no podian usar los mismosque tocaban las mulatas. Aprendi a limpiar las teclas con jugo de limon, pero no podia hacer musica porque madame nos prohibia acercarnos a su clavicordio. Ni falta nos hacia. Honore podia sacarle musica a una cacerola, cualquier cosa en sus manos tenia compas, melodia, ritmo y voz; llevaba los sonidos en el cuerpo, los habia traido de Dahomey. Mi juguete era una calabaza hueca que haciamossonar; despues me enseno a acariciar sus tambores despacito. Y eso desde el principio, cuando el todavia me cargaba en brazos y me llevaba a los bailes y a los servicios vudu, donde el marcaba el ritmo con el tambor principal para que los demas lo siguieran. Asi lo recuerdo. Honore parecia muy viejo porque se le habian enfriado los huesos, aunque en esa epoca no tenia mas anos de los que yo tengoahora. Bebia tafia para soportar el sufrimiento de mover-

se, pero mas que ese licor aspero, su mejor remedio era la musica. Sus quejidos se volvian risa al son de los tambores. Honore apenas podia pelar patatas para la comida del ama con sus manos deformadas, pero tocando el tambor era incansable y, si de bailar se trataba, nadie levantaba las rodillas mas alto, ni bamboleaba la cabeza con masfuerza, ni agitaba el culo con mas gusto. Cuando yo todavia no sabia andar, me hacia danzar sentada, y apenas pude sostenerme sobre las dos piernas, me invitaba a perderme en la musica, como en un sueno. «Baila, baila, Zarite, porque esclavo que baila es libre… mientras baila», me decia. Yo he bailado siempre.

PRIMERA PARTE Saint-Domingue, 1770-1793

El mal espanol Toulouse Valmorain llego a...
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