Alvaro abarca

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Álvaro Abarca
El abuelo del Surf

Los que saben hablan de él como uno de los cuatro míticos chilenos que surfearon en estas costas, hace casi cuarenta años.
Por Werne Núñez, desde Horcón, región de Valparaíso.  Desde lejos todo se ve perfecto: el hombre despliega su silla de playa, se recuesta con la mitad del cuerpo bajo el sol y la otra, bajo la sombra del paraguas de totora, y se quedamirando el mar en silencio, bajo nubes blancas diagonales y un horizonte celeste. La playa es suya en este momento. Se siente una brisa, dan ganas de cerrar los ojos. Todo es como en un spot con alto presupuesto. El hombre inspira.

"Estamos cagados. Estamos al borde del precipicio. Lo hicimos todo mal, nunca se solucionó nada. Los líderes espirituales no sirvieron para nada. Esta sociedad estácagada, es una sociedad donde todos desconfían del otro y todos quieren obtener su ganancia... El mundo está dominado por grupos poderosos que mantienen a la gente sumida en la ignorancia. Es mejor que nadie se entere del inmenso valor que tiene el mar, por ejemplo. Es mejor que esté convertido en una cloaca, que no le importe a nadie, que nadie se fije mucho. Mira, que con todos esos kilómetros decosta no tengamos cultura marítima, es una decisión geopolítica de los que tienen el poder y no se dejan ver...".

Álvaro Abarca hace cosas así, como pensar a cada rato en el océano que baña la playa de Cau-Cau -el patio de su casa- y lanzar ideas así, tan angustiantes que dan ganas de hacerse el leso.

En hawaiano, un kahuna es un maestro. Abarca califica como kahuna chileno. Los que saben,hablan de él como uno de los primeros cuatro chilenos que treparon estas costas heladas en una kleinbus, con un mapa en la mano y tablas en la parrilla, hace casi cuarenta años. Buscando buenas olas, nada más. Abarca es uno de esos míticos. Los otros son: Lucho Tello, Calá Vicuña y el Icha Tapia. Primero fue Ritoque y luego el norte. Después recorrieron el litoral central y, ya en los ochenta,Pichilemu y las playas grises del sur. Ellos cuatro. Nadie más. Hoy, son cuatro mil los que surfean aquí y hace cuatro años que hay una federación. La cosa es así: si dices ser un surfista chileno y no conoces a estos cuatro, eres una despreciable y maloliente bolsa de basura vacía.

Los que no saben, lo ven como el tipo barbón y callado que se construyó un restorán en la playa y con sus propiasmanos, el Caballo de mar: cortando el árbol, amarrando troncos, chicoteando al caballo, descargando, construyendo. El hombre no habla mucho y eso no es tristeza: su paisaje interior suele ser un verano interminable. Aunque mucho de lo que el kahuna hizo en sus 61 años viene de la decepción.

"En la primera parte de mi vida fui muy estudioso y responsable. Me titulé de ingeniero mecánico y viajé aLondres a estudiar mi posgrado. Quería ser experto en fundición de metales y aprender a construir motores a combustión. Allá, los académicos se encargaron de dejarme en claro, muy gentilmente, que por leyes no escritas que rigen los negocios en el planeta, nunca tendría campo laboral en mi país. Nunca. Después del diagnóstico, muy gentilmente, me sugirieron matricularme en ingeniería allá y estudiartodo de nuevo. Vi que mi nivel era bajísimo y que la educación que había recibido era pésima. Mi decepción fue devastadora. Entonces me propuse ser lo más irresponsable posible en la vida. Cerré una etapa y comencé otra. Me retiré de la universidad y me fui a recorrer Europa un año. Los ingleses me devolvieron la plata de la matrícula y regresé a Chile a comienzos de 1972. Tenía 24 años y aún nosabía lo que era una tabla de surf", recuerda, esta vez frente a unos pescados apanados, a Francisca, su mujer, y aPedro, el hijo menor, nacido y criado en Horcón, ya de veintidós.

Un día de mayo de 1983, Álvaro Abarca y un par de amigos descubrieron las olas de Punta de Lobos para el surf chileno, pero créanme, él hizo un par de cosas antes: en el otoño del 72, aburrido de esperar la...
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