Amor en la epoca colonial

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La Maldición de Ra.
Keops y la gran pirámide.

NAGUIB MAHFUZ

1

Colección:
El Egipto de los faraones
Director editorial: Virgilio Ortega
Coordinación: Asunción Vilella
Diseño cubierta: Hans Romberg
Realización gráfica: Jordi Royo

Este libro no podrá ser reproducido, ni total ni parcialmente,
sin el previo permiso escrito del editor. Todos los derechos reservados.
Títulooriginal: Abath Al-Aqdar
© 1939, by Naguib Mahfuz
Firsr published in Arabic as Abath AI-Aqdar. This transiation is published
bv arrangement with the American University in Cairo Press.
© por la traducción, Ángel Mestres Valero, 1996
© de la versión española: Edhasa, 1996
© de esta edición
Editorial Planeta-DeAgostini, SA., 1998
Aribau, 185. 08021 Barcelona
ISBN: 84-395-6847-9
Depósito legal:B-15.732-1998
Imprime:
Cayfosa, Santa Perpétua de Mogoda (Barcelona)
Distribuye: Marco Ibérica Distribución de Ediciones, S.A.
Carretera de Irún, km 13,350
variante Fuencarral - 28034 Madrid
Printed in Spain - Impreso en España

2

I

Keops, hijo de Janum, el divino, el temible, se sentó en su trono dorado, en el balcón de su
alcoba que se asomaba a los vastos y opulentos jardines desu palacio -el paraíso eterno de blancas
columnas de Menfis-, entre un grupo formado por sus hijos y parientes próximos. El borde dorado
de su túnica de seda relucía bajo los rayos del sol que ya empezaba a declinar. Reposaba tranquilo y
calmado, apoyando la espalda en un almohadón de plumas de avestruz y el codo en un cojín
bordado de seda dorada. Su grandeza se manifestaba en su frente alta,en su excelsa mirada y su
hermosa nariz, y su extraordinaria fuerza se evidenciaba en su ancho pecho y en sus brazos
musculosos. Todo él inspiraba la reverencia de un hombre de cuarenta años, a la que se sumaba el
halo de la gloria de los faraones.
Paseaba la mirada entre sus hijos y sus amigos, lanzando alguna ojeada hacia delante, hacia
donde se perdía el horizonte, detrás de las copas delas palmeras y otros árboles, o desplazándola
hacia la derecha para observar aquella colina eterna donde se apostaba la esfinge para contemplar la
salida del sol, y en cuyo interior moraban los cuerpos de sus padres y abuelos. En su superficie
hormigueaban centenares de miles de criaturas, allanando las dunas y haciendo surcos en la roca,
excavando los cimientos de la pirámide del faraón, quienquería que ésta fuera un monumento que
resistiera el paso del tiempo y el embate de los siglos.
El faraón amaba aquellas sesiones familiares, que le consolaban de la carga de su vida
pública y le descargaban del peso de las tradiciones; en ellas se convertía en un padre cariñoso y en
un amigo amable, se abandonaba en compañía de sus amigos a charlas y confidencias, hablando
tanto de lostemas importantes como de los insustanciales. Se intercambiaban bromas, se
confirmaban los rumores, se decidían destinos... Aquel día, inscrito en los pliegues del tiempo -los
dioses quisieron que fuera el inicio de nuestra historia, se empezó hablando de la pirámide que
Keops deseaba construirse como morada eterna y refugio para su cuerpo mortal. Mirabó, el genial
arquitecto que elevó a Egipto ala cima de la gloria artística, se encargaba de explicar su trabajo a
su señor el rey, extendiéndose en aclarar los símbolos de magnificencia que comportaba una obra
eterna como la que él estaba a punto de diseñar y realizar. El rey escuchaba complacido a su amigo
el artista cuando de pronto recordó que ya habían transcurrido diez años desde el inicio de las
obras. Sin esconder su enojo, ledijo:
-Sí, querido Mirabó, estoy convencido de tu genialidad, pero, ¿cuánto tiempo me pides? Me
estás hablando de la magnitud de la pirámide, de la que no veo ni una sola escalinata; ya han
pasado diez largos años desde que empezaron las obras, durante los cuales se han dedicado a ella
millones de hombres fuertes. Has podido disponer de los mejores artesanos de mi magnífico
pueblo. Con todo,...
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