Análisis de la hora de todos (francisco de quevedo)

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  • Publicado : 10 de septiembre de 2012
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La producción literaria de los autores barrocos —debido en gran medida a la marcada crisis social y cultural en la que se empieza a sumergir España a comienzos del siglo XVII— está fuertemente ligada al contexto histórico que les ha tocado vivir. Esta afirmación es especialmente apropiada cuando nos acercamos a la obra de Francisco de Quevedo (1580-1645), espectador privilegiado y uno de lospersonajes más relevantes de su tiempo, por lo que la primera aproximación a La hora de todos y la Fortuna con seso pasará, casi irremediablemente, por la revisión de algunos datos biográficos que arrojen luz sobre las posibles motivaciones del escritor en el momento de idear, confeccionar y redactar el texto.
Francisco de Quevedo es, sin duda, uno de los personajes más conflictivos e interesantes dela época. Sus ideas y, por tanto, los juicios que emite en sus escritos, irán cambiando a lo largo de sus 65 años; sin embargo, la personalidad del escritor se cimienta en sus dos principales afanes —el literario y el político—, que van a ser una constante en su vida. Esta personalidad se va a conformar ya desde su niñez, en el llamado período madrileño (1580-1600). La formación ideológica queadquirirá estará determinada por su pertenencia a una familia burocrática de Palacio, donde observa miserias y glorias de los grandes hombres del momento; y por su educación con los jesuitas, de los que hereda la pasión por los libros y el interés por la dialéctica. Pero no será hasta el período napolitano, bajo el servicio del Duque de Osuna, cuando se forje su carácter político y diplomático. Sibien durante esta época escribe bastante poco, las vivencias acumuladas durante la experiencia, que abarca los años comprendidos entre 1613 y 1618, constituirán el material con el que luego escribirá Lince de Italia y zahorí español (un memorial dirigido a Felipe IV en 1628) y la obra que nos ocupa: La hora de todos y la Fortuna con seso.
La década de 1620 está marcada por la crisis española, queafectará tanto a la política interior como a la política exterior. España se encontrará en una posición de inferioridad frente a sus rivales europeos, principalmente Francia y Holanda, que poco a poco le irán ganando terreno. Coincide, además, con un período de desencanto político de Quevedo, que se siente engañado por las actuaciones del valido del rey Felipe IV: Gaspar de Guzmán y Pimentel, másconocido como el Conde Duque de Olivares, con el que tendrá sus desencuentros. Quevedo va a mostrar en varias ocasiones su desacuerdo con la política de privados en la que se sustentan los regímenes de Felipe III y Felipe IV; algunos ejemplos podemos encontrarlos en la segunda parte de la Política de Dios y gobierno de Cristo, donde en uno de sus capítulos explica «las costumbres de los palaciosy de los malos ministros» e identifica a los validos con acusadores y traidores, realizando afirmaciones tales como que «en las repúblicas del mundo los acusadores embriagan de tósigo los oídos de los príncipes; son lenguas de la envidia y de la venganza » o «cumplir el rey toda justicia es hacer todo su oficio; humillarse al criado el Señor, es todo riesgo ».
Y, en efecto, algunos de losepisodios de la obra que estamos estudiando conforman una sutil crítica del papel del Conde Duque:
Estaba un potentado, después de comer, arrullando su desvanecimiento con lisonjas arpadas en los picos de sus criados. […] A cada disparate y necedad que decía, se desatinaban en los encarecimientos y alabanzas los circunstantes. Unos decían:
—¡Admirable discurso!
Otros:
—No hay más que decir.¡Grandes y preciosísimas palabras!
Y un lisonjero que procuraba pujarles a los otros la adulación, mintiendo de puntillas, dijo:
—Oyéndote ha desfallecido pasmada la admiración y la doctrina .

Bajo la figura de este último adulador, que quiere situarse por encima del resto de sirvientes, se esconde, sin duda, la figura del Conde Duque, que es para Quevedo el gran culpable de la situación del...
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