Analisis el monje que vendio su ferrari

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  • Publicado : 26 de abril de 2011
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EL MONJE QUE VENDIÓ SU FERRARI

EL DESPERTAR DE JULIAN MANTLE
Un sobresaliente abogado procesal, dinámico y obsesionado con su trabajo con el fin de obtener grandes ganancias económicas, debido al exceso de trabajo y a sus actividades extracurriculares el cual no tenia tiempo para cuidar de si mismo llegando a parecer septuagenario y con sobrepeso debido a los excesos, Y entonces ocurrió: elataque cardíaco devolvió a la tierra al divino Julián Mantle y lo asoció de nuevo a su calidad de mortal. Justo en medio de la sala número siete, un lunes por la mañana, la misma sala de tribunal donde él había ganado el «no va más de los procesos por asesinato». El medico le aconsejo a Julián después del infarto que escogiera entre no seguir esa vida sin control y excesos con la variante de moriro vivir, con este susto Julián despertó y procedió a vender todas sus propiedades, su residencia, su isla, así como su gran Ferrari rojo y decidió abandonar el bufete y renunciar al ejercicio de su profesión e irse a la india.

EL VISITANTE MISTERIOSO
Cuenta John que todo eso sucedió hace unos tres años. Lo último que supo de Julián fue que se había ido a la India en no sé qué expedición. Ledijo a uno de los socios del bufete que deseaba simplificar su vida y que «necesitaba respuestas» que confiaba encontrar en ese místico país. Había vendido su residencia, su avión y su isla. Había vendido incluso el Ferrari. ¿Julián Mantle metido a yogui?, me dije. Qué caprichosos son los designios de la ley.
No se supo más de Julián por muchos años, Julián no sólo era mi mentor, sino mi amigo.Hasta un día que alguien toco la puerta del despacho La puerta de mi despacho se abrió lentamente. Cuando por fin se abrió por completo, vi a un hombre risueño de unos treinta y cinco años. Era alto, delgado y musculoso, e irradiaba vitalidad y energía. Me recordó a aquellos chicos perfectos con los que yo iba a la facultad, hijos de familias perfectas, con casas perfectas y coches perfectos. Peroel visitante tenía algo más que aspecto saludable y juvenil. Una apacibilidad latente le daba un aire casi divino. Y los ojos: unos ojos penetrantes y azules que me traspasaron.
Otro abogado de primera que viene a quitarme el puesto, pensé para mí. Pero, bueno, ¿por qué se queda ahí parado mirándome? Espero que la mujer que defendí en el caso de divorcio que gané la semana pasada no fuera suesposa. Tal vez no estaría de más llamar a seguridad.
El joven siguió mirándome, tal como Buda habría hecho con su pupilo favorito. Tras un largo momento de incómodo silencio, el sujeto habló con un tono sorprendentemente perentorio.
—¿Es así como tratas a tus visitas, John, incluso a quienes te enseñaron todo cuanto sabes sobre la ciencia del éxito en una sala de tribunal? Ojalá me hubiera guardadomis secretos profesionales —dijo esbozando una sonrisa.
Una extraña sensación me cosquilleó en el estómago. Inmediatamente reconocí aquella voz como de miel. El corazón me dio un vuelco.
—¿Julián? ¿Eres tú? ¡No me lo puedo creer!
La sonora carcajada del visitante confirmó mis sospechas. El hombre que tenía ante mí no era otro que el añorado yogui de la India: Julián Mantle. Me asombró suincreíble transformación. La tez espectral, la tos crónica y los ojos inermes de mi ex colega habían desaparecido. Ya no tenía aspecto de viejo ni esa expresión enfermiza que se había convertido en su distintivo. Todo lo contrario, aquel hombre parecía gozar de perfecta salud y su rostro sin arrugas estaba radiante. Tenía la mirada clara, una ventana perfecta a su extraordinaria vitalidad. Mássorprendente aún era la serenidad que rezumaba por todos sus poros.
Mirándole desde mi butaca me sentí totalmente en paz. Julián ya no era el ansioso abogado de primera categoría que trabajaba en un bufete de campanillas. No, este hombre era un juvenil, vital y risueño modelo de cambio.

Fue Julián quien habló primero. Me dijo que el mundo hiper—competitivo de la abogacía se había cobrado su precio,...
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