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Andrés Caicedo

QUE VIVA LA MÚSICA

Andrés Caicedo nació en Cali, Valle, en 1951 y, a pesar de su prematura muerte (1977), descolló en el campo literario colombiano. Escribió numerosos cuentos, recopilados en varios volúmenes: El atravesado (relato, 1975), Angelitos empantanados o historia para jovencitos (1977), y Berenice (1978). Su única novela ¡Qué viva la música! ha tenido grandifusión entre el público, siendo esta la tercera edición. Trata, dicha novela, de una muchacha que se obsesiona por la música, vive para y por la música de la cual goza en la vida nocturna de Cali. La estrategia narrativa del autor es la de presentar las acciones a través de su narradora, dejando al lector la labor reflexiva e interpretativa. ¡Qué viva la música! capta las ambigüedades y las crisisculturales no sólo de Colombia sino de Latinoamérica con gran sutileza y con un impacto avasallador sobre el momento actual. Tal vez ignorándolo, Andrés Caicedo ha escrito una de las novelas de índole política más importante de la época.

“Qué rico, pero qué bajo, Changó” Canción popular. “Con una mano me sostengo y con la otra escribo” Malcolm Lowry cruzando el Canal de Panamá

Este libro ya noes para Clarisolcita, pues Cuando creció llegó a parecerse tanto a mi Heroína que lo desmereció por completo.

Soy rubia. Rubísima. Soy tan rubia que me dicen: "Mona, no es sino que aletee ese pelo sobre mi cara y verá que me libra de esta sombra que me acosa". No era sombra sino muerte lo que le cruzaba la cara y me dio miedo perder mi brillo. Alguien que pasara ahora y me viera el pelo nolo apreciaría bien. Hay que tener en cuenta que la noche, aunque no más empieza, viene con una niebla rara. Y además que le hablo de tiempos antes y que... bueno, la andadera y el maltrato le quitan el brillo hasta a mi pelo. Pero me decían: "Pelada, voy a ser conciso: ¡es fantástico tu pelo!". Y uno raro, calvo, prematuro: "Lilian Gish tenía tu mismo pelo", y yo: "Quién será ésta", me preguntaba,"¿Una cantante famosa?". Recién me he venido a desayunar que era estrella del cine mudo. Todo este tiempo me la he venido imaginando con miles de collares, cantando, rubia total, a una audiencia enloquecida. Nadie sabe lo que son los huecos de la cultura. Todos, menos yo, sabían de música. Porque yo andaba preocupadita en miles de otras cosas. Era una niña bien. No, qué niña bien, si siempre fuerebuzno y saboteo y salirle con peloteras a mi mamá. Pero leía mis libros, y recuerdo nítidamente las tres reuniones que hicimos para leer El Capital. Armando el Grillo (le decían Grillo por los ojos de sapo que paseaba, perplejo, sobre mis rodillas), Antonio Manríquez y yo. Tres mañanas fueron, las de las reuniones, y yo le juro que lo comprendí todo, íntegro, la cultura de mi tierra. Pero yono quiero acostumbrarme a pensar en eso: la memoria es una cosa, otra es querer recordar con ganas semejante filo, semejante fidelidad. Yo lo que quiero es empezar a contar desde el primer día que falté a las reuniones, que haciendo cuentas lo veo también como mi entrada al mundo de la música, de los escuchas y del bailoteo. Contaré con detalles: al

estimado lector le aseguro que no lo canso,yo sé que lo cautivo. Tan tarde que me levanté aquel día y abrir los ojos no me dio fuerza. Pero me dije: "No es sino que pise el frío mosaico y verá que cumple con su horario". Me mentía. La reunión era a las 9 y serían qué... las 12. Toqué con mis piecitos, tan blancos, tan chiquitos, y me estremecí toda viendo que podía dar de a paso por mosaico. Así caminé, feliz, día poquitos, sin pretenderotra cosa que llegar a la ventana. Abrí la cortina con fuerza, y los brazos extendidos me hicieron pensar en la mujer resoluta que era, como quien dice que si quisiera sería capaz de labrar la tierra. No, no lo era. Después de la cortina tenía allí ante mí la persiana veneciana. ¿Es cierto que trae la muerte, Venecia? Digo porque lo he escuchado (ya no) en canciones viejas. He podido jalar las...
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