Anecdota al viento

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  • Publicado : 12 de diciembre de 2010
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Anécdota al Viento...
Caminaba por la orilla del sendero, no tenía prisa alguna y tampoco parecía ir acompañado; sin embargo mis palabras no cesaban, en torno a mí marchaban en una gama que se cortaba con mi respiración y que poco a poco iba iluminándose en colores vivos; todas ellas que salían haciendo eco a mis pensamientos y reflejando perfectamente también a mi corazón, parecían tomar elbrillo del paisaje que me rodeaba, de lo que encontraba con mi vista y que se iba topando con el alcance de mis manos y la extensión, también de mi alma.
Menos claro vi el horizonte que frente a mí apareció, todo el color de él se había ido, como robado por el egoísmo y vuelto a llenar por la tristeza, estaba lleno de un tono menos que gris, seco de cualquier brillo y saturado por un aire que dabased; sentí por primera vez la inseguridad adoptada por mis pasos, como si alguna grieta se fuera abrir para absorber a las palabras que seguían buscando el sol, a algún ente con vida en ese camino.
No me quedó más que cantar para ahuyentar al miedo, unos metros caminé solo, sin creer que en verdad sabía lo que estaba haciendo, pero entonces mi voz se afinó y dejó, poco a poco, salir a palabras másclaras y una que otra nota alta animaba al torbellino de versos coloreados a seguirme; y, aunque sentía que me ahogaba al crear sonido ahí, las palabras ahora dichas también tomaban color y aumentándose a la gama pasaban a través de mi cuerpo llenándome de ánimo, entonces me di cuenta de que el aire que respiraba era sólo el pasado que me devolvía la fuerza.
Entonces el andar de pasos lentos, sevolvió en una carrera contra el tiempo, me sentía más vivo que nunca y no podía evitar tomar con alevosía que el paisaje estuviera en un neutro gris y que al parecer yo era el único con crayones. El único, sí, no me percaté de que en mi travesía no me había topado con nadie; ninguna persona o algún caricaturesco espíritu que cambiara mi forma de orar, o de cantar, inclusive corría sin comparar mivelocidad a la de nada, sólo el tiempo; un enorme sol pausado cuyas manecillas parecían lentas hasta no moverse, comparadas a mi desplazamiento tan célere.
Corriendo, iba dejando detrás una estela, como si fuera manchas de jugo en la alfombra recién colocada; conforme avanzaba, mi rastro se engrosaba, marcando cada vez más camino a mi paso. Cuando hube recorrido cierta distancia y la estelamulticolor ya casi abarcaba hasta ambos costados del horizonte a mis espaldas, el pasto, los arbustos el romance puro de la naturaleza que había coloreado, comenzó por cambiar en algo más llano, un lugar en donde se levantaban estructuras con formas toscas y al parecer sin propósito alguno.}
Había llegado a una ciudad con grandes bloques de mármol, que me impresionaron pues no los pude rasgar omover; parecía que habían estado así mucho tiempo, aunque las variantes en sus formas daban a creer que no desde el mismo. Caminé, esta vez con cautela, no sabía en donde empezaba un mármol y donde es que terminaba, me di cuenta de que en cada uno algo se encontraba tallado, algo bien distinto que en el anterior, pero las capas de polvo no dejaban apreciarlos del todo, hasta que a veces me rendía yterminaba sin entender nada.
De momento sentí no querer estar ahí, poder tornar en mis colores esas esculturas abstractas y huir, pero no podía, por alguna razón al entrar allí el torbellino, que se había convertido en estela, pasó de ser un arco iris que dejaba rastro, hasta sólo ser una tenue cola que me seguía. Entre todo lo que ya no quería ver así, vi por encima de mi propia cabeza, un muro quese alzaba más alto que cualquier mármol, parecía hecho de nube o de alguna tela blanca que caía hasta mi alcance.
Perfecto, ese etéreo monumento sería mío; unas notas altas y lo podría convertir a mi gusto, en una pintura renacentista o en un ocaso si así lo quería, se mostraba indefensa ante mí, era como un sueño, un silencio más que atemorizante y por la emoción, tentador hasta el punto de...
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