Animal simbolico

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Las preguntas de la vida. Por Fernando Sabater
EL ANIMAL SIMBÓLICO

Los tanteos exploratorios buscando algún conocimiento cierto respecto a mi yo, a mi mente y/o mi cuerpo me han traído muchas más perplejidades que certezas. Pero al menos mis pocas certezas han dejado de ser ingenuas ru¬tinas irreflexivas, mientras que mis perplejidades son aho¬ra dudas filosóficas, es decir, losuficientemente estimu¬lantes como para que no corra prisa deshacerme de ellas. Lo más seguro que sé respecto a mí es que soy un ser parlante, un ser que habla (¡consigo mismo, para empe¬zar!), alguien que posee un lenguaje y que por tanto debe tener semejantes. ¿Por qué? Porque yo no he inventado el lenguaje que hablo -me lo han enseñado, inculcado- y porque todo lenguaje es público, sirve para objetivar ycompartir lo subjetivo, está necesariamente abierto a la comprensión de seres inteligentes... hechos a mi imagen y semejanza. El lenguaje es el certificado de pertenencia de mi especie, el verdadero código genético de la huma¬nidad.
Calma, no nos embalemos, no queramos saber dema¬siado rápido. Volvamos otra vez a la cuestión inicial (la filosofía avanza en círculos, en espiral, está siempredis¬puesta a reincidir una y otra vez sobre las mismas pre¬guntas pero tomadas una vuelta más allá): ¿qué o quién soy yo? Probemos otra respuesta: soy un ser humano, un miembro de la especie humana. O, como aseguró el dra¬maturgo romano Terencio, «soy humano y nada de lo humano me es ajeno». De acuerdo -provisionalmente, claro- pero entonces ¿qué significa ser humano? ¿En qué consiste eso «humano» con loque me identifico?
Unos quinientos años a. de C., el gran trágico griego Sófocles incluye en su obra Antígona una reflexión coral sobre lo humano que merece ser citada en extenso: «Mu¬chas cosas existen y, con todo, nada más asombroso que el hombre. Él se dirige al otro lado del espumoso mar con la ayuda del tempestuoso viento sur, bajo las rugien¬tes olas avanzando, y a la más poderosa de lasdiosas, a la imperecedera e infatigable Tierra, trabaja sin descan¬so, haciendo girar los arados año tras año, al ararla con mulos. El hombre que es hábil da caza, envolviéndolos con los lazos de sus redes, a la especie de los aturdidos pájaros, y a los rebaños de agrestes fieras, y a la familia de los seres marinos. Por sus mañas se apodera del ani¬mal del campo que va a través de los montes, y unceal yugo que rodea la cerviz al caballo de espesas crines, así como al incansable toro montaraz. Se enseñó a sí mismo el lenguaje y el alado pensamiento, así como las civiliza¬das maneras de comportarse, y también, fecundo en re¬cursos, aprendió a esquivar bajo el cielo los dardos de los desapacibles hielos y los de las lluvias inclementes. Nada de lo porvenir le encuentra falto de recursos. Sólode la Muerte no tendrá escapatoria. De enfermedades que no tenían remedio ya ha discurrido posibles evasiones. Pose¬yendo una habilidad superior a lo que se puede uno ima¬ginar, la destreza para ingeniar recursos la encamina unas veces al mal y otras al bien» .
En esta célebre descripción se acumulan todos los rasgos distintivos de la especie humana: la capacidad téc¬nica de controlar las fuerzasnaturales, poniéndolas a nuestro servicio (la navegación, la agricultura y hoy aña¬diríamos los viajes interplanetarios, la energía eléctrica y nuclear, la televisión, los computadores, etc.); la habilidad para cazar o domesticar a la mayoría de los demás seres vivientes (aún se resisten algunos microbios y bac¬terias); la posesión de lenguaje y del pensamiento racio¬nal (Sófocles insiste en queel lenguaje lo han inventado los propios humanos para comunicarse entre sí, no les viene de fuera como regalo de ninguna divinidad); el in¬genio para guarecerse de las inclemencias climáticas (con habitaciones y vestidos); la previsión del porvenir y sus amenazas, preparando de antemano remedios contra ellas; la cura de muchas enfermedades (aunque no de la muer¬te, para la que no tenemos...
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