Anorexica reprimida

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  • Publicado : 19 de octubre de 2010
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Siempre fui gordita. Era una gordita tierna, no obesa, y no hubiera sido traumático si los niños no fueran tan crueles. Aunque no eran solo ellos, porque los adultos también la embarran, pellizcándote los cachetes y diciéndote cuán gorda eres en comparación con la flaca de tu hermana. Ah, y no solo las amigas de tu mamá sino tu propio doctor, en mi caso la neumóloga.
Mi neumóloga, una mujerbastante menuda, me decía todo el tiempo que tenía que hacer dieta, cuando yo solo tenía 5 años. Creo que no sé qué odiaba más de ella: su brusquedad para poner inyecciones o que me dijera que estaba gorda, muy gorda.
Con el tiempo el complejo creció, y la palabra ‘gorda’ dejó de ser un simple insulto, para convertirse en una palabra cargada de odio, miedo, rabia y culpa. Sobre todo culpa.
A eso sele sumó la enfermedad terminal de mi papá. Terminé asumiendo más responsabilidades de las que me tocaba, siendo sólo una niña.
Ver a mi papá enfermo y a mi mamá agotada por la preocupación y el trabajo me hizo sentir culpable e impotente, y esta culpa no me dejó vivir en paz.
Las cosas no fueron tan drásticas al principio porque cuando uno es niño tiende a ser más fuerte. Sin embargo, ahíestaban, y seguramente se fueron quedando y acumulando en el subconsciente.
Crecí un poco más, y a los 13 años estaba bastante acomplejada con mi cuerpo. Era como una carga que no se puede quitar, y todo lo que uno quiere es hacerse más pequeño. Comía de todo, más de lo normal, pero sintiéndome peor, sobre todo porque la pubertad es espantosa.
Comencé a bajar de peso haciendo ejercicio y comiendo detodo, pero en menor cantidad. De ser una sedentaria pasé a ser una superdeportista, y empecé a restringir algunos alimentos y a mirar las calorías. Me fui volviendo estricta, al punto de hacer ejercicio a las 4 de la mañana y tomar 16 botellas de agua diarias.
Al verme flaca por primera vez, mi mamá se preocupó y me llevó a donde una nutricionista que terminó echándome del consultorio cuando vioque en vez de subir como me lo había formulado, bajé casi 10 kilos.
Este ritmo de ejercicio terminó cuando tuve una luxación severa en la rodilla durante un entrenamiento de atletismo, precisamente por estar tan flaca y tan débil. El accidente fue un infierno. No podía moverme mucho, y evidentemente no podía hacer ejercicio. Sin embargo, al principio fui obstinada y hasta en muletas le dabavueltas a la cancha de fútbol.
La gente al principio no se da cuenta, ni siquiera uno mismo, de que hay algo que no está bien. Al principio yo lo negaba, pero después me di cuenta de que sí estaba enferma. Sin embargo me gustaba estarlo, y pensé que podría vivir a ese ritmo toda la vida.
Por otra parte, la gente pensaba que mi enfermedad era solo un capricho generado por la vanidad femenina, y digofemenina porque hasta los libros de anorexia y bulimia hablan de ‘ella’ y no de ‘él’. Es tanta la ignorancia al respecto, que incluso el seguro médico en Colombia no cubre los gastos de los tratamientos, y en el país solo existen dos centros especializados en estas enfermedades.
Pues no. La enfermedad no es cuestión de belleza, porque como todos saben, a los hombres les gustan las curvas y no loshuesos. Lo que pasa con el medio, en el que hay un bombardeo de modelos tipo ‘gancho’ y son comunes las tallas cuatro (diminutas, de muñeca), es que se vuelve un disparador de la enfermedad, pero no la causa misma. De lo contrario, todo el mundo tendría un trastorno alimentario.
Al principio yo quería ser flaca, pero con el tiempo me dejó de importar si me veía bien o no, porque yo sabía queestaba horrible. Cada vez era más impresionante porque literalmente se me veían las costillas y los omoplatos, y la piel era de un color blanco traslúcido. Se me veían las venas. Es horrible. Esto es lo que ve la gente, y uno ve lo mismo pero de manera diferente.
Entre más se ven los huesos, y uno es más pequeño e invisible, es mayor la satisfacción. Es como si uno quisiera desaparecer, y entre más...
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