Ante el nuevo milenio, contemplar el rostro de cristo

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  • Publicado : 5 de septiembre de 2010
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CONTEMPLACIÓN DEL ROSTRO DE CRISTO.
APLICACIONES A LA VIDA PERSONAL Y SOCIAL
SEGÚN JUAN PABLO II

(Reflexiones sobre la Carta Apostólica: Al Comienzo del Nuevo Milenio
Capítulo II “Un Rostro para contemplar”)

Quisiera comenzar mi intervención dando gracias a Dios por la oportunidad privilegiada que nos proporciona para llevar a cabo estas reflexiones sobre la Carta Apostólica “NovoMillennio Ineunte”, en la que el Santo Padre nos marca, por decirlo de manera breve, el programa pastoral para la Iglesia del nuevo siglo y del nuevo milenio.
Podríamos decir que este documento pontificio es como la materialización de aquel vaticinio que, el entonces Cardenal de Cracovia, hiciera, al final del Cónclave, a su compatriota Juan Pablo II recién elegido Papa: “Si Dios te ha escogido espara que lleves a la Iglesia al tercer milenio”. El tiempo del Tercer Milenio ha llegado y, después del Gran Jubileo del 2000, el Santo Padre nos presenta el “plan pastoral de la Iglesia Universal”. Los invito a acompañarme en esta acción de gracias y a que pidamos juntos las luces del Espíritu Santo, y su fuerza –¡Ven Oh Espíritu Santo!..., ¡danos tu Luz!..., ¡enciende nuestros corazones!...–, paraque esta exposición colabore no sólo a comprender el mensaje, sino, sobre todo, a encarnarlo en nuestras vidas.
Que la “Contemplación del rostro del Resucitado” nos ayude a identificarnos con Él y, así, podamos presentarlo a los demás con autenticidad y contribuir a la “Nueva Evangelización”, tan urgente, (cfr. Ecclesia in America, 6), “que (...) tiene que ser «nueva en su ardor, en susmétodos, en su expresión»” (Discurso a la XIX Asamblea plenaria del Celam, Puerto Príncipe, 9 de marzo de 1983: L'Osservatore Romano, edición en len­gua española, 20 de marzo de 1983, p. 24). De este modo, haremos nuestro el programa pastoral del Santo Padre y, con nuestras vidas más identificadas con Cristo, construiremos, junto con el Papa la Iglesia del tercer milenio.
“Un llamado a contemplar elRostro de Jesucristo”, así se titula el capítulo segundo de la Carta Apostólica –de un total de cinco– que me toca comentar, aplicando las enseñanzas tanto a nuestra vida personal como a su proyección social desde el lugar que cada uno ocupa en la sociedad.
No quisiera dejar de señalar que el mismo Juan Pablo II ha afirmado que "si quisiéramos descubrir el núcleo esencial de la gran herencia quenos deja la experiencia jubilar, no dudaría en concretarlo en la contemplación del rostro de Cristo (...), acogido en su múltiple presencia en la Iglesia y en el mundo, y confesado como sentido de la historia y luz de nuestro camino" (NMI, 15). Y, en nuestro deber de mirar hacia delante, como fruto de la contemplación de la vida de Jesús, el Papa nos propone un lema, un programa de acción :“confiando en la palabra de Cristo, Duc in altum! (¡Hay que remar mar adentro!) (NMI, 15), ¡hay que ponerse a trabajar sin desmayo en la Nueva Evangelización!
¿Cómo hemos de contemplar el rostro de Cristo, para que produzca esos frutos? ¿Con qué frecuencia? ¿Con qué profundidad? ¿No es verdad que, para que sea eficaz en sus frutos, esta contemplación ha de ser transformativa, es decir, que ha de llevarnosa la conversión personal?
La respuesta la encontramos en un número del Catecismo de la Iglesia Católica, el 429, que dice así: “Del conocimiento amoroso de Cristo es de donde brota el deseo de anunciarlo, de evangelizar, y de llevar a otros al sí de la fe en Jesucristo”. Hemos, pues, de contemplar a Cristo amorosamente y, para ello, hemos de conocerlo y tratarlo, para amarlo y llevarlo a todoslos rincones del mundo.
“«Queremos ver a Jesús» (Jn 12, 21). (...) Como aquellos peregrinos de hace dos mil años, los hombres de nuestro tiempo, (...) piden a los creyentes de hoy no sólo «hablar» de Cristo, sino en cierto modo hacérselo «ver». (...) Nuestro testimonio sería (...) enormemente deficiente si nosotros no fuésemos los primeros contempladores de su rostro (NMI, 16).
Es bueno...
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