Antología de la literatura puneña

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I.E.S. INDUSTRIAL Nº 32 PUNO

CURSO: COMUNICACIÓN

PROFESORA: GUINA SAGUA MACHACA

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GAMALIEL CHURATA

AYES DEL INDIO

Muerto de fatiga, absorto de miedo, asomóse Juan a la cerca de su choza. La postrera fulguración del sol extinguíase en el ocaso, y en el corazón de Juan se desvanecía su última esperanza.

- ¡ Ah, jamás habrá salvación para nosotros ! –exclama con una mueca dehorrible desengaño.

La tierra sumergíase en las tinieblas de la noche, y, mil temores se presentaban en la imaginación de Juan.

- No hay remedio, me matarán los mistis –decía entre despavorido e iracundo.
Y sumíase en tétricas cavilaciones. Si anoche de la desesperación con que delirara sobre la tumba de su padre, surgieron mil halagüeñas esperanzas; ahora, de las ilusiones que se forjaraa la vista del Delegado, sólo surge la decepción más desgarradora. Si anoche se revistió de supremo coraje, porque creyó llegada la ocasión de conquistar la libertad; ahora cae en triste amilanamiento porque se convence una vez más de su miserable condición de esclavo. Al pensar en la vaga promesa del Delegado, una acerba desconfianza le mortificaba. Al pensar en la furiosa imprecación delGobernador un aterrador pánico conmovía todo su ser.

En tan sombrío Apocalipsis cavilaba Juan cuando bostezó, señal de angustiosa hambre le recordó que en todo aquel día no había comido. Entra a su choza donde junto a un grotesco fogón de barro, en una mugrienta olla, con un pedazo de carne seca y un poco de chuño aguzanado condimenta su mísero alimento.

Mientras tanto en el pueblo, allá, en lacasa del Gobernador, apenas se ha ido el Delegado, todos, desde el obeso prohombre, hasta el más grasiento quelqueri, desde la mujer del Cura hasta la última rapaza de la cocina, todos vociferan, crujen, maldicen, engulléndose sendas copas de aguardiente. Era aquello un festín de energúmenos.
Por un momento, puso en calma esta agitación de pantano, el prohombre Gobernador, mascullando con vozaguardentosa: -No tenemos por qué alarmarnos tanto. Bien saben ustedes que el señor Tovar es el todopoderoso de estas tierras, ahora bien, ¿ de qué se trata ? Pues nada menos que de él. Estas acusaciones de los indios al ser atendidas a nadie dañan más que a Tovar, y dígase de paso, también a Romaña; pues, estos como nosotros explotan al indio ¡ah! Y en qué escala ... Dejemos estas cosas, que allá enLima se arreglarán perfectamente. Verán ustedes entonces, que los mensajeros de Chucuito, los memoriales al Presidente, los discursos de los diputados, la Delegación Maguiña no pasan de ser embrollos y nada más que embrollos. Tomemos una copa y pensemos más bien en sentar la mano a estos indios insolentes que se atreven a acusarnos, como si no estuvieran destinados a ser unas bestias.

- Sí, hayque sentarles las manos, rugieron todos a una voz.
De un rincón saltó doña Malila, e interponiéndose entre el Cura y el Gobernador, dijo a éste: - Debes ordenar a tus tenientes que formen una lista de los indios más insolentes, y a estos castigarlos como es debido. Yo te recomiendo a ese indio Mamani que se ha atrevido a hablar de mi compadre el señor Cura.
- Yo señor Gobernador he formado lalista durante la audiencia –dijo un teniente.
- Vamos a ver esa lista –dijo el Gobernador, tomándola de manos del teniente.
Después de un breve examen pregunta el Gobernador: - Qué dice acá, señalando en el papel. - Yo puse esta nota para indicar que este indio Mamani, es el que ha dicho que el señor Cura no quiere devolverle su hija.

“Ah, ah, resolló el Gobernador”. Cuandohubo escudriñado la lista a su sabor, ordenó a sus tenientes, que tomando los caballos que hubiesen en todas las chozas próximas saliesen al campo, acompañados de los rematistas de daños para castigar a los indios quejosos, haciéndoles comprender que nunca cambiará su condición de esclavos. Ordenó también que trajesen como a cuatro indios que resultaban ser los más insolentes. Entre estos cuatro...
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