Antologia de cuentos

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  • Publicado : 4 de enero de 2012
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Prologo




El arte de introducirse en la lectura de los cuentos es transportarse en lo inimaginable sentir con emoción cada uno de los personajes, transportarse en diferentes épocas, lugares, vestimentas es como vivir cada uno a uno emociones diferentes, involucrarse en todos los sentidos , no hay mejor manera de recordar con agrado vivencias como adolecentes , como se dicerecordar es volver a vivir

Hoy en día los abuelos eran dignos de ser escucharlos con sus hermosas charlas de interpretar con emoción sus vivencias y recordar a aquellos bellos cuentos que nos transportaban es como si fuéramos personajes donde sientes las tristezas, amor , desilusiones ,alegrías y se dice que un buen orador puede interpretar todo eso y más porque se entusiasma al seguir lashistorias o cuentos en donde aprendemos a sentir con todo lo más hermoso que el arte de la lectura que transforma por el solo hecho de leer y narrar con imaginación, creatividad y con interpretación cada uno de ellos .

En esta antología he tenido la oportunidad de emocionarme con cada bella historia de tan ilustres escritores, espero que cada persona que lea este trabajo quedaimpresionada con tan hermosas historias como yo.




Índice

Portada ………………………………………………………………..
Portadilla ………………………………………………........
Prologo …………………………...............................
Índice …………………………………………………………….

A la deriva …………………….…………………………………..

El rastro de tu sangre en la nieve ………………………

Día domingo……………………………………………………

Leyendas del Sombrerón …………………………………

La Muerte del Estratega …………………………………

Semejante a la noche ………………………………………

La Noche bocarriba …………………………………………

El milagro secreto ………………………………………….

Para un final presto …………………………………………

¡Diles que no me maten! …………………………………

Amistad ………………………………………………………..


A la deriva
Horacio Quiroga

El hombrepisó algo blancuzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yaracacusú que, arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque.

El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de suespiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras.

El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho.

El dolor en el pie aumentaba, con sensaciónde tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que, como relámpagos, habían irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorrilla. Movía la pierna con dificultad; una metálica sequedad de garganta, seguida de sed quemante, le arrancó un nuevo juramento.

Llegó por fin al rancho y se echó de brazos sobre la rueda de un trapiche. Los dos puntitosvioleta desaparecían ahora en la monstruosa hinchazón del pie entero. La piel parecía adelgazada y a punto de ceder, de tensa. Quiso llamar a su mujer, y la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca. La sed lo devoraba.

-¡Dorotea! -alcanzó a lanzar en un estertor-. ¡Dame caña1!

Su mujer corrió con un vaso lleno, que el hombre sorbió en tres tragos. Pero no había sentido gustoalguno.

-¡Te pedí caña, no agua! -rugió de nuevo-. ¡Dame caña!

-¡Pero es caña, Paulino! -protestó la mujer, espantada.

-¡No, me diste agua! ¡Quiero caña, te digo!

La mujer corrió otra vez, volviendo con la damajuana. El hombre tragó uno tras otro dos vasos, pero no sintió nada en la garganta.

-Bueno; esto se pone feo...
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