Antologia libertaria

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ANTOLOGÍA LIBERTARIA*

LA ANARQUÍA Y LA IGLESIA
Eliseo Reclus

CAPÍTULO I

La conducta que el anarquista ha de observar con respecto al hombre de iglesia, ésta de antemano trazada; mientras que curas, frailes y demás detentadores de un pretendido poder divino se hallen constituidos en liga de dominación, tiene que combatirlos sin tregua, con toda la fuerza de su voluntad, con todos losrecursos de su inteligencias y su energía.

Esta lucha no ha de ser un obstáculo para que se guarde el respeto personal y la buena simpatía a cada individuo cristiano, budista, fetichista, etc., etc.

Principiemos por libertarnos, trabajemos en seguida por la libertad de nuestro antagonista.

Lo que se debe temer de la iglesia y de todas las iglesias, no lo dice claramente la historia, y nohay excusa acerca de este punto: todo error o mala interpretación, es inaceptable; más aún, es imposible. Somos aborrecidos, execrados, malditos, vémonos condenados a los tormentos del infierno, lo que para nosotros no tiene sentido, y, lo que es indudablemente peor somos señalados a la vindicta de las leyes temporales, a la venganza particular de los carceleros y de los verdugos y aun a laoriginalidad de los atormentadores que el Santa Oficio, viviente todavía, mantiene los calabozos. El lenguaje oficial de los papas, formulado en sus recientes bulas, dirige expresamente la campaña contra los «insensatos y diabólicos innovadores, los orgullosos discípulos de una pretendida ciencia, las personas delirantes que piden la libertad de conciencia los que desprecian todas las cosas sagradas,los aborrecibles, los que desprecian todas las cosas sagradas, los aborrecibles corruptores de la juventud, los obreros del crimen y de la inequidad» Anatemas y maldiciones dirigidos de preferencia a los hombres revolucionarios que se denominan libertarios o anarquistas.

Muy bien; lógico es que los se llaman y se tienen por consagrados al absoluto dominio del género humano, creyéndoseposeedores de las llaves del cielo y del infierno, concentren toda la fuerza de su aborrecimiento contra los réprobos, que niegan sus derechos al poder y condenan las manifestaciones todas del poder ese. «¡Exterminio! ¡Exterminio!» Tal es, como en los tiempos de Santo Domingo y de Inocencia III, la divisa de la iglesia.

Oponemos, a la intransigencia de los católicos, idéntica intransigencia, más comohombres, y como hombres inspirados en la ciencia, no como tartamudos y verdugos.

Rechazamos terminantemente la doctrina católica, de igual modo que la de todas las religiones afines; luchamos contra sus instituciones y sus obras; nos proponemos desvanecer los efectos de todos sus actos.

Pero sin odio de sus personas, porque sabemos que todos los hombres se determina por el medio en que susmadres y la sociedad los colocaran; no ignoramos que otra educación y otras circunstancias menos favorables habrían podido embrutecernos también, y lo que principalmente nos proponemos, es desarrollar para ellos, si es tiempo todavía, y para las futuras generaciones, otras condiciones nuevas que curen por fin a los hombres de la locura de la cruz y demás alucinaciones religiosas.

Muy lejos denosotros está la idea de vengarnos, cuando haya llegado el día en que seamos los más fuertes; no habría cadalsos ni hogueras bastantes para vengar el infinito número de víctimas que las iglesias, la cristiana especialmente, sacrificaran en nombre de sus dioses respectivos, en el transcurso de la serie de siglos de su ominosa dominación.

Por otra parte, la venganza no se cuenta entre nuestrosprincipios por que el odio llama al odio, y porque nosotros sentimos animados del más vivo deseo de entrar en una nueva era de paz social. El decidido propósito que nos impulsa, no consiste en hacer uso de «las tripas del último sacerdote para ahorcar al último rey», sino en buscar la manera de impedir que nazcan reyes y curas en la purificada atmósfera de nuestra ciudad nueva.

Nuestra obra...
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