Antologia

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Siglo de oro: FRANCISCO DE QUEVEDO
(1580-1645)

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, de es otra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo undios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado, 
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
***
"¡Ah de la vida!"... ¿Nadie me responde? 
¡Aquí de los antaños que he vivido! 
La Fortuna mis tiempos ha mordido; 
las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni a dónde la salud y la edad se hayan huido! 
Falta la vida, asiste lo vivido, 
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; mañana no ha llegado; 
hoy se está yendo sin parar un punto: 
soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el hoy y mañana y ayer, junto 
pañales y mortaja, y he quedado 
presentes sucesiones de difunto.
POESÍA RENANCENTISTA
(SIGLO XVI)

GARCILASO DE LA VEGA(1503-1536)
Cuando me paro a contemplar mi estado,
y a ver los pasos por do me ha traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado;
mas cuando del camino estó olvidado,
a tanto mal no sé por dó he venido;
sé que me acabo, y más he yo sentido
ver acabar conmigo mi cuidado.
Yo acabaré, que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme
si ella quisiere, yaun sabrá querello;
que pues mi voluntad puede matarme,
la suya, que no es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿qué hará sino hacello?
***
¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería!
Juntas estáis en la memoria mía,
y con ella en mi muerte conjuradas.
¿Quién me dijera, cuando en las pasadas
horas en tanto bien por vos me vía,
que me había des de ser en algúndía
con tan grave dolor representadas?
Pues en un hora junto me llevaste
todo el bien que por términos me distes,
llevadme junto el mal que me dejastes;
si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.
***
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende el corazón ylo refrena;
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza su costumbre.

Porqué el sapo no puede correr
[Una vieja, no teniendo con quién llamar a sus nietos, que
asisten al juego de pelota, se encuentra afligida].
En seguida le cayó un piojo sobre la falda. Lo cogió y se lo puso
en la mano, y el piojo se meneó y echó a andar.
—Hijo mio, ¿te gustaría que te mandara a que fueras a llamar a
mis nietos al juego de pelota? –le dijo al piojo.
Al punto se fue el piojocontoneándose. Y estaba sentado en el
camino un muchacho llamado Tamazul, o sea el sapo.
—¿A dónde vas? –le dijo el sapo al piojo.
—Llevo un mandado en mi vientre, voy a buscar a los muchachos
–le contestó el piojo a Tamazul.
—Está bien, pero veo que no te das prisa –le dijo el sapo al piojo–.
¿No quieres que te trague? Ya verás cómo corro yo, y así llegaremos
rápidamente.
—Muy bien –lecontestó el piojo al sapo. En seguida se lo tragó el
sapo. Y el sapo caminó mucho tiempo, pero sin apresurarse. Luego encontró a su vez una gran culebra, que se llamaba Zaquicaz.
—¿A dónde vas, joven Tamazul? –díjole al sapo Zaquicaz.
—Voy de mensajero, llevo un mandado en mi vientre –le dijo el
sapo a la culebra.
—Veo que no caminas aprisa. ¿No llegaré yo más pronto? –le dijo
la culebra al...
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