Anusim (forzados)

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 12 (2971 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 9 de octubre de 2010
Leer documento completo
Vista previa del texto
Qué hermosas son tus tiendas, Yaakov,
tus moradas, Israel
Parashat Balak, Bamidbar, Números, 24:5

UNO

Anúsim
—Forzados—
Después de varias semanas sin lluvia, el cielo de El Arenal se fue nublando paulatinamente. Desde muy temprano, las calles empezaron a impregnarse de aromas dulzones, a menta y a caña recién cortada, que subían desde la costa, encaramados en la grupa del viento,tibio y húmedo, río arriba.

Bien entrada la mañana, la corriente viró caprichosamente y sopló con fuerza en dirección del caserío que a esa hora se preparaba para el almuerzo. La corriente de aire sacudió a su paso las ramas de las ceibas y sopló en dirección del embarcadero, ululando como si le urgiera acariciar las copas de los limoneros sedientos y cabizbajos, que delimitaban los plantíos deazúcar.

— Puro trueno y nada de lluvia —pensó don Emiliano, asomándose a la ventana de su modesta vivienda de paredes de adobe y techos de gruesa teja mallorquina para aspirar el húmedo calor que llenaba de vaho los cristales y también para ver pasar los nubarrones que por más que los veía esforzarse, no alcanzaban a reventar.
— Bola de inútiles —murmuró por lo bajo—. Por eso estamos comoestamos.
Lo dijo mirando a los pescadores que en un momento andarían de vagos, jugando dominó, en vez de recoger sus redes y desamarrar sus trampas.

El chasquido de un relámpago hizo revolotear a las gallinas en el patio dejándolo lleno de plumas. En el silencio que siguió al resplandor del rayo, Emiliano percibió los rítmicos pasos de Juana, su mujer, apurándose para entrar a la habitación porla pequeña puerta del patio que siempre quedaba entreabierta.

La vio colocar sobre la mesa el cesto de mimbre que llevaba sobre sus hombros desnudos. La vio sacudir la ropa, acariciarla con las puntas de sus dedos, largos y afilados, y doblarla con esmero después de pasarle varias veces la plancha, húmeda y caliente. A Emiliano le encantaba espiarla. Le gustaba la suavidad de sus caderas, eltalle fino y largo, y también el risueño rostro moreno que terminaba en un revoltoso mechón de cabellos crespos aprisionados por unas peinetas de carey que ella, Juana, la mujer de don Emiliano, se había comprado en el puerto de Alvarado con sus propios ahorros y sin haberle pedido venia.

Casi sin moverse, para no delatar su presencia, Emiliano la miró secarse los brazos en el delantal de lino,colocar las manos en jarras, echar el cuerpo hacia atrás y contemplar el cielo con sus ojos claros y fulgurantes. La miró suspirar, espantar al gato que estaba a punto de saltar a la cesta de ropa y colocar, con todo cuidado, cada una de las prendas sobre la mesa mientras silbaba una tonadilla que quería parecerse a una vieja canción de Lara.

— ¿Listos? —La oyó que hablaba sola, reclinando elcuerpo sobre la mesa en una postura más que sensual—. Pues a darle, que es pa’orita.

Los ojos de Emiliano se posaron en la espalda de su joven mujer, temeroso de encontrarse con esa mirada de reproche que aún esperaba desde aquella noche en que, estando un poco pasado de copas, le había revelado entre gritos y sollozos que no, que él no era cristiano sino descendiente de forzados,

— Uuhhh—le había dicho— de allá de cuando los sacaron de sus casas y los corrieron de sus tierras.

Le había dicho que sí, que llevaba sangre de judíos, de los que se escondieron para no acabar muertos a palos a manos de los frailes que los andaban persiguiendo nomás por eso, porque eran judíos.

Se lo dijo a la mitad de una borrachera cuando sintió que de todos modos algún día se iba a dar cuenta, nofuera que lo llegara a abandonar. Si se lo dijo a su Juana era porque el asunto le quemaba el pecho y porque tenía que decírselo a alguien. Y si no era a su Juana, a su viejita, ¿entonces a quién?

Se lo dijo en susurros, como a él se lo había dicho su padre antes de que lo trajeran, antes de que lo trajeran, inconsciente, porque se había caído del puente que unía los dos extremos del pueblo y...
tracking img