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Jesús Sánchez Adalid El mozárabe

bybios

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© Jesús Sánchez Adalid, 2001 © Ediciones B, S.A., 2004 Bailen, 84 - 08009 Barcelona (España) www.edicionesb.com Fotografía de cubierta: © Giraudon Diseño de colección: Ignacio Ballesteros Impreso en Argentina / Printed in Argentine ISBN: 84-666-1634-9 Depósito legal: B. 1.825-2004 Impreso por ARTES GRÁFICAS BUSCHI, Ferré 2250, Buenos Aires,Argentina, en el mes de julio de 2004. Impreso en papel obra de Massuh. Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en las leyes, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribuciónde ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

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A mis padres y a mi abuelo Apolinar

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Bebe con felicidad lo que te ofrece un hombre noble y lleno de gloria. ¡No se te resista el placer! Te trajo un vino que se vistió la túnica de oro del crepúsculo, con orla de burbujas, en un cáliz en el cual no se escancia sino a varones principales e ilustres. No obró mal al escanciarte porsu mano oro fundido en plata sólida. ¡Levántate obsequioso en honor suyo! ¡Bebe por que su recuerdo perdure siempre!... Poema del Diwan del príncipe Abu Abd al-Malik Marwan, apodado al-Sarif al-Taliq, o «el Príncipe Amnistiado». Córdoba, año 978.

L'alba part umet mar atra sol, poy pasa bigil, mira ciar tenebras... [El alba trae al sol sobre el mar obscuro, luego salva las colinas; mira, lastinieblas se aclaran...] Dístico escrito en el siglo X, en una lengua que ya no es latín pero no es aún lo que, más tarde, será el catalán.

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Córdoba, año 954 Antes de que el insigne Recemundo regresara de Francfort, corte del emperador de los sajones Otón el Grande, el taller de copia de la diócesis de Córdoba era un polvoriento cuchitril situado en los altos de una vieja casa del barriocristiano. En aquella estrecha y desaseada habitación había luz suficiente, pero el ruidoso suelo de tablas se movía a cada pisada impidiendo la concentración en el minucioso trabajo de caligrafía e ilustración de los códices. Había pues que mantenerse durante horas en un silencio y una quietud casi de respiración contenida, a menos que alguien gritara «¡alto!», porque necesitaba desplazarse alarmario a por algún frasco de tinta, alguna pluma, vitela o, sencillamente, porque precisaba aliviar la vejiga haciendo uso del bacín solicitado al mandadero que vivía en el bajo. Asbag aben-Nabil había pasado en aquel lugar parte de su adolescencia, desde que su padre le llevó para ser aprendiz a las órdenes del maestro Isacio, un anciano monje del vecino monasterio de San Esteban, que porentonces dirigía las labores del taller por mandato del obispo. Al principio los aprendices se limitaban a observar mientras iban alternando las tareas más bajas del taller con el estudio del trivium y el quadrivium en la escuela del monasterio; luego dejaban la escoba y aprendían a manejar el pergamino, a utilizar las tintas y a mezclar las pinturas. Su iniciación en la copia y la miniatura solíacoincidir con la recepción de las órdenes menores, el lectorado y acolitado, pues suponía la familiarización con los leccionarios y rituales. Más adelante, algunos optaban por establecerse en la cercana calle de los libreros o se ofrecían como escribientes públicos; y otros permanecían en el taller del obispo, consagrando su vida a satisfacer las demandas de códices por parte de las diócesis deAlándalus. A Asbag, cuyas habilidades fueron pronto ponderadas, se le propuso este segundo camino; y, familiarizado como estaba con el ordo missae a fuerza de copiar los misales, no le pareció mal recibir el diaconado primero y el presbiterado después. Pero siguió en el taller, aunque elevado a la condición de maestro auxiliar. La vista del anciano monje Isacio terminó por ceder ante las largas horas de...
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