Aquel cuadro

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  • Publicado : 8 de febrero de 2011
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Para nuestro número del mes de noviembre, encontré entre mis antiguos libros, uno de historias de terror, que deseo compartir con los lectores de nuestra revista.

Dicen por ahí que “una imagen dice más que mil palabras”, siendo así,
¿Cuánto nos puede decir un cuadro viejo?, ¿Qué secretos puede plasmar
su autor en un pedazo de tela, usando magníficos colores?. Esta es la
Historia de Hilario,que al descubrir un viejo cuadro pintado
por su madre en la infancia, entro a un callejón …. Sin salida.

Mar

Arriba del ropero del dormitorio de sus padres. En el mismo sitio a donde había ido a parar una variedad de objetos en desudo. Debajo de la sábana depolvo y pelusas que los cubría. Ahí encontró Hilario Cuevas aquel cuadro, cuidadosamente empaquetado y lo único rescatable del montón de cosas que su madre había ido colocando sobre el ropero a lo largo de su matrimonio. (¿Quién – que tenga o haya tenido un ropero – no lo usa o lo usó como una suerte de depósito de objetos que no se decide a tirar, aunque intuye que jamás volverá a necesitarlos?)Aquel cuadro era un óleo de mediana proporción; enmarcado.
Sobre el ángulo inferior derecho de la tela, la querida letra y firma que el joven conocía bien: Irenita. Junto a la firma, una fecha que indicaba que esa pintura había sido hecha por su madre cincuenta años atrás, como las otras que decoraban una pared de la cocina y que pertenecían a la época de la niñez de Irene, cuando fantaseaba conser artista plástica.
Nunca lo había visto antes. Por eso, Hilario se conmovió doblemente y – durante un rato – permaneció sentado sobre la cama de los padres, abrazado al cuadro con la mirada perdida en sus recuerdos.
La campanilla del teléfono lo volvió al presente
Ya habían colgado cuando atendió. Ahora estaba en su cuarto y aún cargaba – amorosamente – el óleo cuando se le ocurrió queesa pared desnuda frente a su propia cama era el lugar ideal para colgarlo.
- Así lo voy a contemplar todas la noches… - pensaba, mientras que, a golpe de martillo, coloca un clavo en el espacio elegido-. Es como si mamá hubiera querido hacerme un regalo postrero… Pobrecita… ¡ya un mes que no está más…!
E Hilario dedicó la última hora de aquel viernes a mimara el cuadro con enternecidodetenimiento.
Su mamá había pintado una casa estilo Tudor. Dos pisos con cuatro ventanas cada uno. Cortinas que impedían ver el interior de las habitaciones, cálidamente iluminadas….
Al frente, un jardín florido y – medio confundido entre las plantas – la silueta de un muchacho manejando una hoz.
¿El jardinero de aquella residencia, tal vez?
Durante las semanas que siguieron al encuentro deaquel cuadro, Hilario destinó sus momentos libres a contemplarlo.
Emocionado como estaba por ese hallazgo inesperado, cada día le parecía más hermoso y no lograba explicarse por qué su madre lo había guardado, casi oculto se hubiera dicho.
Una noche – a punto de dormirse a la par que escuchaba la radio y con la vista distraída en el óleo – Hilario creyó observar que una de las cortinas del primerpiso de la casa pintada se descorría lentamente.
-El sueño me hace ver visiones… - pensó de inmediato y apagó la lámpara, dispuesto a descansar. – Todas las cortinas de esa casa están corridas – se dijo antes de caer profundamente dormido.
Y esa madrugada soñó con sus padres y se sintió pequeño y mimado como cuando los dos vivían y le decían “Lari”.
Se despertó de buen humor.
Se estabavistiendo para salir a hacer su acostumbrada caminata de los sábados, cuando recordó el asunto de la cortina del cuadro. Se volvió hacia el óleo y sonreía por lo que – en ese momento – consideraba una visión producto del cansancio nocturno, pero vio que la cortina del primer piso de la casa pintaba estaba –realmente – descorrida.
Se inquietó. Y más aún cuando una nena que aparentaba pedir auxilio...
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