Arde la calle

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  • Publicado : 24 de marzo de 2011
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Arde la calle por
El conocimiento de uno mismo es el estado máximo de verdad al que puede aspirar un hombre. En ese sentido, el epígrafe que muestra el diálogo entre Pilatos y Jesús, visto desde una perspectiva «humana y profana» como diría el Nobel francés André Gide, nos apunta en la dirección de la autoexploración como la vía más certera para conocer el mundo tal y como es. El agente porexcelencia del conocimiento es la curiosidad. Es uno de los elementos que más distinguen a los espíritus vivos. Ya sea a través de la experiencia, de la lectura, de la música o de las artes en general, el conocimiento amplía la resolución mediante la cual nos asomamos a la ventana del mundo que supone nuestro cerebro. La curiosidad es la materia prima mediante la cual los grandes cronistas denuestros tiempos han ido llenando las páginas de la historia con los sucesos actuales. El poder de los mitos y las leyendas ha sido demostrado en todas las culturas y en todas las civilizaciones a través del tiempo y los cronistas, o contadores de mitos, son una parte esencial de las culturas.
Arde la calle es el libro con el que Julio Martínez Ríos se destapa como uno de los cronistas importantes denuestros tiempos. El atinadísimo título nos permite generar una idea mental que recoge buena parte de las virtudes del libro: el fuego como condensador de las capacidades combustibles de la materia, como un síntoma de vida, especialmente cuando la materia son los hombres, la manera tan diversa que hemos encontrado para responder a nuestras preguntas centrales, para lidiar con la realidad y connuestras emociones.
La primera virtud de este libro radica quizá en la dificultad con la que nos topamos al querer encuadrarlo en un género. Libre de culpas y prejuicios, Martínez Ríos se siente tan cómodo en el ensayo periodístico, como en la crónica narrativa. Desprovisto de toda pretensión, acto que lo acerca de manera estrecha e íntima con sus lectores (a quienes se refiere a lo largo de todo ellibro de tú a tú con lo cual se libra de este espantoso cliché que dice que los escritores escriben para sí y no para ser leídos), lo mismo le da la voz a expertos, que cita libros, que cuenta experiencias personales. Dice Fernando Savater en su libro El arte de ensayar que una de las características esenciales de un buen escritor es no desconfiar de la inteligencia de los lectores. Sentar lasbases para que más una cátedra, la lectura sea un diálogo. No me he topado con muchos libros que cumplan con esta premisa de manera más natural y exitosa. La estructura del libro —si nos ponemos un poco freudianos— es un espejo de cómo funciona la mente del autor:
Los capítulos (que pretenden reunir a las «tribus urbanas» más representativas de las calles mexicanas) comienzan con una descripcióngráfica del representante tipo de la tribu: la delgada corbata de los que se jactan de ser indies, las botas darketas que suponen en sí mismo un manifiesto de lo arduo que es el tránsito y la andadera por el mundo para los que aspiran a vivir de noche, los ojitos de mapache típicamente emos, el gel Xiomara fresa por excelencia y un largo y divertido etcétera fungen como un certero golpe de mesa que legrita al lector: ¡estoy aquí para viajar contigo, para divertirnos, para dialogar! No me importa enseñarte nada, lo que me importa es que te emociones, que nos emocionemos juntos con esta pasarela de animales exóticos, irracionales y absurdos que somos los seres humanos.
Después de esta obertura en la que Julio hace gala de su capacidad de observación y de su buen humor, entramos a la parte«twitera» del libro. Balazos que responden a preguntas frecuentes y que pretenden establecer un marco conceptual sobre el cual poder divagar en los textos siguientes. En estas páginas encontramos una y otra vez la pregunta «¿Es esto un culto a la muerte?», encontramos a los representantes típicos de cada género y preguntas y sentencias del tipo ¿Pero (los poperos) ¿nunca se enojan, nunca protestan?,...
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