Arenas movedizas

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TCFIMPRESO EN PAPEL ECOLÓGICO (EXENTO DE CLORO)

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OCTAVIO PAZ

Arenas movedizas La hija de Rappaccini

Alianza Editorial

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Diseño de cubierta: Ángel Uriarte

© Octavio Paz © Alianza Editorial, S. A. Madrid, 1994 Calle J. I. Luca de Tena, 15, 28027 Madrid; teléf. 711 66 00 ISBN: 8 1 206 1630 X Depósito legal: M. 9.433 -1994 Impreso en Impresos y Revistas, S. A. Printed in Spain5

Arenas movedizas (1949)

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EL RAMO A Z U L

Desperté, cubierto de sudor Del piso de ladrillos rojos, recién regado, subía un vapor caliente. U n a mariposa de alas grisáceas revoloteaba encandila da alrededor del foco amarillento. Salté de la hamaca y descalzo atravesé el cuarto, cuidando no pisar algún alacrán salido de su escondrijo a tomar el fresco. Me acerqué al ventanillo yaspiré el aire del campo. Se oía la respiración de la noche, enorme, femenina. Regresé al centro de la habitación, vacié el agua de la jarra en la palangana de peltre y humedecí la toalla. Me froté el torso y las piernas con el trapo empapado, me sequé un poco y, tras de cerciorarme que ningún bicho estaba escondido entre los pliegues de mi ropa, me vestí y calcé. Rajé saltando la escalera pintadade verde. En la puerta del mesón tropecé con el dueño, sujeto tuerto y reticente. Sentado en una sillita de tule, fumaba con el ojo entrecerrado. Con voz ronca me preguntó: —¿Onde va, señor? —A dar una vuelta. Hace mucho calor. —Hum, todo está ya cerrado. Y no hay alumbrado aquí. Más le valiera quedarse. Alcé los hombros, musité «ahora vuelvo» y me metí en lo obscuro. Al principio no veía nada.Caminé a tientas por la calle empedrada. Encendí un cigarrillo. De pronto salió la luna de una nube negra, iluminando un muro blanco, desmoronado a trechos. Me detuve, ciego ante tanta blancura. So pió un poco de viento. Respiré el aire de los tamarindos. Vibraba la noche, llena de hojas e insectos. Los grillos vivaqueaban entre las hierbas altas. Alcé la cara: arriba también habían establecidocampamento las estrellas. Pensé que el universo era un vasto sistema de señales, una conversación entre seres inmensos. Mis actos, el serrucho del
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grillo, el parpadeo de la estrella, no eran sino pausas y sílabas, frases dispersas de aquel diálogo. ¿Cuál sería esa palabra de la cual yo era una sílaba? ¿Quién dice esa palabra y a quién se la dice? Tiré el cigarrillo sobre la banqueta. Al caer,describió una curva luminosa, arrojando breves chispas, como un cometa minúsculo. Caminé largo rato, despacio. Me sentía libre, seguro entre los labios que en ese momento me pronunciaban con tanta felicidad. La noche era un jardín de ojos. Al cruzar una calle, sentí que alguien se desprendía de una puerta. Me volví, pero no acerté a distinguir nada. Apreté el paso. Unos instantes después percibí elapagado rumor de unos huaraches sobre las piedras calientes. No quise volverme, aunque sentía que la sombra se acercaba cada vez más. Intenté correr. No pude. Me detuve en seco, bruscamente. Antes de que pudiese defenderme, sentí la punta de un cuchillo en mi espalda y una voz dulce: —No se mueva, señor, o se lo entierro. Sin volver la cara, pregunte: —¿Qué quieres? —Sus ojos, señor —contesto lavoz suave, casi apenada. —¿Mis ojos? ¿Para que te servirán mis ojos? Mira, aquí tengo un poco de dinero. No es mucho, pero es algo. Te daré todo lo que tengo, si me dejas. No vayas a matarme. —No tenga miedo, señor. No lo mataré. Nada más voy a sacarle los ojos —Pero, ¿para qué quieres mis ojos? —Es un capricho de mi novia Quiere un ramito de ojos azules. Y por aquí hay pocos que los tengan. —Mis...
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