Arthur rimbaud

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Arthur Rimbaud
Una temporada en el infierno, seguido de Iluminaciones, seguido de Cartas del vidente

Introducción, traducción y notas de Ramón Buenaventura

INTRODUCCIÓN
Desmontar la leyenda Antoine Adam 1 abre con este párrafo su introducción a l s a obras completas de Arthur Rimbaud: «Aunque estén hoy de moda ciertas teorías que propugnan lo contrario, toda poesía auténtica es en primerlugar la obra de un hombre, traducción de su visión del mundo, expresión de las fuerzas profundas que lo habitan. No comprenderemos la obra de Rimbaud si nos equivocamos en cuanto al hombre que éste fue en verdad, si damos por buenas las ridículas imágenes que en ocasiones se nos han transmitido.» El erudito, pues, desea que su queja conste ya en el lindar de su estudio: hay que desguazar laleyenda rimbaldiana para entender a Rimbaud, hay que prescindir de las fogosas biografías compuestas por románticos aficionados, hay que expurgar los numerosísimos libros en que se interpretan sus escritos por la vía de la vehemencia más caprichosa, sin consideración de ninguna herramienta objetiva. Adam tiene razón indiscutible en casi todos los pormenores de su abrumador trabajo sobre Rimbaud.También en este punto. Primero, claro, por lo evidente: la vida moldea la obra, aunque sólo sea porque la vida, al ser experimentada, suministra al poeta los ingredientes de la creación. Pero hay autores cuya biografía importa poquísimo, a efectos de lectura, y otros cuya valoración cambia por completo cuando se conocen los datos vitales. Es decir: hay autores con mucha más biografía que bibliografía, yal revés. Entre nosotros, ahora mismo, tenemos poetas cuyos versos cambian por completo a la luz de sus condiciones existenciales (p.e., Leopoldo María Panero) y poetas cuyos versos no guardan relación alguna con la vida de nadie. Rimbaud es un caso intermedio, por la percutora fuerza de sus escritos. Éstos pueden leerse (así lo hice yo, a los diecisiete
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Arthur Rimbaud, Oeuvres complètes(París, Gallimard, «Bibliothèque de la Pléiade», 1972), edición fijada, presentada y anotada por Antoine Adam. Es, por el momento, la edición canónica de las obras de Arthur Rimbaud. Ninguna otra puede comparársele en seriedad ni, desde luego, en aparato científico.

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años) desde la más ingenua ignorancia, sin dato objetivo alguno, para encontrarse de pronto zarandeado en un torbellino deritmos e imágenes, de sensaciones y símbolos que uno percibe como experiencia propia, protagonizándolos e incluyéndolos en la reserva personal de memoria. A mi placer y parecer, no hay lectura mejor de Rimbaud. Si alguien, con este libro en las manos, anda ahora mismo por estas líneas y no sabe quién fue Arthur Rimbaud, ni qué significa para tantos, ni por qué, ni en qué consiste su aportación,etcétera, sálgase del prefacio incontinenti. (Entiéndase, incluso, que la palabra ‘incontinenti’ marca una especie de rasero. No todos los que no la conocen están en condiciones de leer a Rimbaud con la cabeza inocente. Pero todo el que sepa su significado —‘en seguida’— está ya en niveles de esoterismo cultural que lo sitúan en otro tipo de lectura. En otros goces.) Poeta maldito, maldito poeta Lalectura teñida de nuestro poeta se viene practicando desde el primer momento. Cuando Paul Verlaine publica Les Poètes maudits (1884), dando a conocer una selección de la obra de Rimbaud en un ambiente poético dispuesto a emborracharse con ella, Monsieur Rimbaud está en Aden y es un joven parado de treinta años y escribe a casa: «La vida aquí es, por consiguiente, una verdadera pesadilla. No vayáis apensar que me lo estoy pasando bien. Lejos de ello: incluso me ha parecido siempre que es imposible vivir de manera más penosa que yo». Sólo su madre y su hermana Isabelle conocen el paradero del poeta, y guardan el secreto con toda la avaricia y con toda la cazurrería campesina que Arthur detestó en la adolescencia. Tan despistados andaban todos, lectores y sabios críticos, que dos años más...
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