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  • Publicado : 29 de noviembre de 2011
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staba hace pocos días leyendo con un buen amigo un artículo de Julián Marías titulado “El sacrificio de Morente” y, llegando al final, al ver la fecha en que lo escribió, 1952, resonó en mi mente la voz de don Julián que me decía lo mismo que muchas veces había escrito: que la libertad que uno tiene es la que uno se toma. Como es sabido, él pasó gran parte de su vida soportando la hostilidad delpoder público; y, si bien dicha hostilidad había cambiado, asumiendo caracteres y actores distintos, iba conservando el mismo afán de limitar la verdad para limitar la libertad de las masas.

Al hablar de poder público, hoy, en democracia, si nos preguntáramos quién lo ostenta, estoy seguro de que pocos contestarían, sorprendidos: “el público, la gente, ¿quién si no?”. En efecto, por eso hay ungobierno elegido, una democracia representativa y limitadamente participativa (en el sentido de técnicas de participación directa y no del interés participativo que, desde luego, es limitado), que toma sus decisiones públicas para que la gente, el público, cuente con ellas a la hora del voto. Sin embargo, quienes difunden estas decisiones, quienes las hacen “públicas”, son los medios deinformación, de los que me atrevo a decir que muy poca gente se fía.

Hace poco escuchábamos en las noticias de todas las cadenas a periodistas, compungidos y aparentemente sorprendidos, declarar, con una actitud que parecía
—por lo menos a mí— reprochar la ingratitud, que entre las profesiones menos valoradas por el público estaba esa misma, la del periodista. Tengo que admitir que en aquel momentocompartí con ese gremio una profunda sorpresa, mas no por su resultado, sino porque, por una vez, lo que intentaba decir una estadística no me parecía demasiada mentira.

La estadística, como en otro lugar he procurado explicar con más detalle, dice muy poco acerca del hombre, más bien intenta decir algo mediante preguntas arbitrarias cuyo sentido último se desconoce. Se pregunta ya desde lasociedad, sin entender el verdadero alcance de lo que se pregunta, y, a la vez, su efectiva percepción social y, finalmente, sobre todo, las razones de las respuestas, que no se pueden catalogar y que son lo más propio de lo humano, ya que la verdad se da en el ámbito de una historia que la justifica, que le da un carácter peculiar que el “sí” o el “no” pretenden desdibujar. Pensemos, por ejemplo, si sepregunta a un grupo de personas en toda España si se sienten libres. Cada una, por razones distintas, podría decir que sí y que no, y podría incluso cambiar de idea el día siguiente al cambiar la percepción de su libertad o, aun más grave, de qué es la libertad misma. Quien, por cierto, debería tener claro qué es la libertad, por un lado, y su percepción o vigencia social, por otro, es el queformula las preguntas para saber qué es lo que está preguntando, lo cual naturalmente implicaría algún conocimiento filosófico o, por lo menos, un poco de pensamiento, que es precisamente de lo que se pretende rehuir con la estadística. En efecto, es esta una técnica que vale para las cosas, y se pretende que valga para las personas porque no conlleva pensar, tarea hoy en día poco popular, y, aun peor,porque sus resultados solemnemente exhibidos en porcentajes permiten todas las interpretaciones posibles y, naturalmente, entre ellas, las que a uno le convienen.
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Pero, a fin de cuentas, el uso de la estadística no es sino un signo más del estado indignante en que están los medios de comunicación —o “de confusión”, como decía Julián Marías—; y tanto que, estoy seguro, si mi publicaciónfuera suficientemente “pública”, me acarrearía alguna carta indignadísima del gremio. Este es otro fenómeno generalizado: la reacción corporativa que funda sus argumentos en el mero hecho de haberse corporado, que parece licenciarle a emitir todo tipo de impersonal “comunicado oficial” repleto de fórmulas sin sentido que apelan a la “respetabilidad”, a la “calidad”, a la “profesionalidad”, a la...
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