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CIVISMO | |
Civismo
civismo entendido tal como hemos argumentado, como la potenciación de las virtudes o actitudes que convertirán a la persona en un buen ciudadano o en buen demócrata, está estrechamente relacionado con la educación. Enseñar civismo es enseñar ética, una materia que –como dijeron los griegos– no seenseña con los mismos métodos que se utilizan para enseñar las demás materias, como la geometría o las matemáticas. La mejor manera de enseñar ética o civismo es a partir del ejemplo. El civismo se transmite no con teorías o normas de conducta, sino siendo cívico, creando un entorno que favorezca las actitudes cívicas. El civismo significa “civilidad”, ser civilizado o contribuir a que laconvivencia cotidiana sea pacífica y agradable. Una manera algo anacrónica de hablar de civismo es hacer referencia a la “buena educación” o a la “urbanidad”, una asignatura que hace tiempo que desapareció de las escuelas. Sea como fuere, se trata de enseñar a cultivar y estimar las formas de respeto hacia los demás, desde las más externas, como saludar con propiedad, a las más internas que se manifiestanal hacerse cargo del sufrimiento de los demás. La regla de oro de la moralidad, desde Confucio, es la que dice: “lo que no quieras para ti no lo quieras para nadie”. Lo que nos ha llevado a insistir en el valor del civismo ha sido el convencimiento de que esta regla empieza a ser ignorada.
La educación, para inculcar actitudes cívicas, tiene que ir contracorriente; tiene que luchar contra unasociedad que fomenta la vida cómoda y fácil, el placer inmediato, que valora, por encima de todo, el poder adquisitivo del dinero y el éxito personal a cualquier precio. La clase de persona que se forma espontáneamente en las sociedades desarrolladas no es el ciudadano, sino el consumista. Ganarse bien la vida para poder comprar todo lo que apetezca es lo que da sentido a la vida, el símbolo del éxitoy de que no somos unos seres frustrados. El individualismo, que no tendría que ser un concepto negativo, si se entiende como la importancia central concedida al individuo, es contraproducente cuando se convierte en puro egoísmo. Sin una educación que enseñe a vivir de otra manera, la persona aprenderá sólo a pensar sí misma y en sus intereses, y no en el bienestar de los demás. Da lo mismo quelos medios de comunicación nos muestren cada día la miseria y el sufrimiento de los demás; olvidarlos es tan fácil como apagar la televisión.
La sociedad de consumo no ayuda a inculcar civismo, y tampoco lo hace la sociedad liberal. Poder disfrutar de las libertades de las que disponemos es, sin duda, un progreso. Ahora bien, el concepto de libertad más difundido es el que considera que ser librequiere decir no estar sometido a normas que limitan la libertad. Se trata de una concepción negativa de la libertad según la cual soy libre de hacer todo lo que las leyes me permiten hacer. Si vinculamos esta idea de libertad con el hecho de que vivimos en sociedades plurales, en las que cada vez tenemos más posibilidades de escoger formas de vida diferentes porque todas están igualmente permitidasy se consideran asimismo buenas, el resultado es una sociedad sumergida en lo que Durkheim denomina “anomia”. La ausencia de normas, o de referentes claros y sólidos, nos provoca una incertidumbre que muy fácilmente se convierte en indiferencia. La indiferencia de “todo vale lo mismo” siempre que la elección sea libre.
Más arriba me he referido a la importancia que tuvo para muchos pensadores lareligión como instrumento de cohesión y como motivador de las personas para adoptar comportamientos entendidos como correctos. Rousseau se conformaba con una “religión civil” para conseguir el efecto deseado. No se trata de recuperar las religiones –como querrían algunos comunitaristas–, ni de construir un simulacro que las sustituya, lo que sí es necesario es que no abandonemos la educación...
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