Audiencia juan pablo ii

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JUAN PABLO II
AUDIENCIA GENERAL Miércoles 26 de mayo de 1993
El presbítero, hombre consagrado a Dios
(Lectura: evangelio de san Juan, capítulo 17, versículos 15-19)
1. Toda la tradición cristiana, nacida de la sagrada Escritura, habla del sacerdote como hombre de Dios, hombre consagrado a Dios. Homo Dei: es una definición que vale para todo cristiano, pero que san Pablo dirige en particularal obispo Timoteo, su discípulo, recomendándole el uso de la sagrada Escritura (cf. 2 Tm 3, 16). Dicha definición se puede aplicar tanto al presbítero como al obispo, en virtud de su especial consagración a Dios. A decir verdad, ya en el bautismo todos recibimos una primera y fundamental consagración, que incluye la liberación del mal y el ingreso en un estado de especial pertenencia ontológica ypsicológica a Dios (cf. santo Tomás, Summa Theol., II. II, q. 81, a. 8). La ordenación sacerdotal confirma y profundiza ese estado de consagración, como recordó el Sínodo de los obispos de 1971, refiriéndose al sacerdocio de Cristo participado al presbítero mediante la unción del Espíritu Santo (cf. Ench. Vat., 4, 1200.1201).
Ese Sínodo recoge la doctrina del concilio Vaticano II que, después derecordar a los presbíteros el deber de tender a la perfección en virtud de su consagración bautismal, añadía: «Los sacerdotes están obligados de manera especial a alcanzar esa perfección, ya que, consagrados de manera nueva a Dios por la recepción del orden, se convierten en instrumentos vivos de Cristo, sacerdote eterno, para proseguir en el tiempo la obra admirable del que, con celeste eficacia,reintegró a todo el género humano» (Presbyterorum ordinis, 12). Esa misma recomendación hacía Pío XI en la encíclica Ad Catholici sacerdotii, del 20 de diciembre de 1935 (cf. AAS 28, 1936, p. 10).
Así pues, según la fe de la Iglesia, con la ordenación sacerdotal no sólo se confiere una nueva misión en la Iglesia, un ministerio, sino también una nueva consagración de la persona, vinculada alcarácter que imprime el sacramento del orden, como signo espiritual e indeleble de una pertenencia especial a Cristo en el ser y, consiguientemente, en el actuar. En el presbítero la exigencia de la perfección deriva, pues, de su participación en el sacerdocio de Cristo como autor de la Redención: el ministro no puede menos de reproducir en sí mismo los sentimientos, las tendencias e intencionesíntimas, así como el espíritu de oblación al Padre y de servicio a los hermanos que caracterizan al Agente principal.
2. Con ello, en el presbítero se da un cierto señorío de la gracia, que le concede gozar de la unión con Cristo y al mismo tiempo estar entregado al servicio pastoral de sus
hermanos. Como dice el Concilio, «puesto que todo sacerdote, a su modo, representa la persona del mismo Cristo, estambién enriquecido de gracia particular para que mejor pueda alcanzar, por el servicio de los fieles que se le han confiado y de todo el pueblo de Dios, la perfección de Aquel a quien representa, y cure la flaqueza humana de la carne la santidad de Aquel que fue hecho para nosotros ''pontífice santo, inocente, sin mácula y separado de los pecadores» (Hb 7, 26)" (Presbyterorum ordinis, 12; cf.Pastores dabo vobis, 20). Por esa razón, el presbítero tiene que realizar una especial imitación de Cristo sacerdote, que es fruto de la gracia especial del orden: gracia de unión a Cristo sacerdote y hostia y, en virtud de esta misma unión, gracia de buen servicio pastoral a sus hermanos.
A este respecto, es útil recordar el ejemplo de san Pablo, que vivía como apóstol totalmente consagrado, pueshabía sido «alcanzado por Cristo Jesús» y lo había abandonado todo para vivir en unión con él (cf. Flp 3, 7.12). Se sentía tan colmado de la vida de Cristo que podía decir con toda franqueza: «No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20). Y, con todo, después de haber aludido a los favores extraordinarios que había recibido como «hombre en Cristo» (2 Co 12, 2), añadía que sufría...
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