Babasonicos

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iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiPermanecí allí tres días con sus noches (según mis cálculos), sin salir de mi
escondite más que dos veces con el propósito deestirar mis piernas, manteniéndome de
pie entre dos cajones que había exactamente frente a la abertura. Durante aquel tiempo
no supe nada de Augustus; pero esto me preocupaba poco, pues sabía que el bergantín
estaba a punto de zarpar y en la agitación de esos momentos no era fácil que encontrase
ocasión de bajar a yerme. Por último, oí que la trampa se abría y se cerraba, y en
seguida mellamó en voz baja preguntándome si seguía bien y si necesitaba algo.
Nada – contesté -. Estoy todo lo bien que se puede estar. ¿Cuándo zarpa el
bergantín?
Levaremos anclas antes de medía hora – respondió -. He venido a decírtelo, pues
temía que te alarmase mi ausencia. No tendré ocasión de bajar de nuevo hasta pasado
algún tiempo, tal vez durante tres o cuatro días. A bordo todo marchabien. Una vez que
yo suba y cierre la trampa, sigue la cuerda hasta el clavo. Allí encontrarás mi reloj;
puede serte útil, pues no ves la luz del día para darte cuenta del tiempo. Te apuesto a
que no eres capaz de decirme cuánto tiempo llevas escondido: sólo tres días; hoy
estamos a veinte. De buena gana te traería yo mismo el reloj, pero tengo miedo de que
me echen de menos.
Y sin decirmás, se retiró.Permanecí allí tres días con sus noches (según mis cálculos), sin salir de mi
escondite más que dos veces con el propósito de estirar mis piernas, manteniéndome de
pie entre dos cajones que había exactamente frente a la abertura. Durante aquel tiempo
no supe nada de Augustus; pero esto me preocupaba poco, pues sabía que el bergantín
estaba a punto de zarpar y en la agitaciónde esos momentos no era fácil que encontrase
ocasión de bajar a yerme. Por último, oí que la trampa se abría y se cerraba, y en
seguida me llamó en voz baja preguntándome si seguía bien y si necesitaba algo.
Nada – contesté -. Estoy todo lo bien que se puede estar. ¿Cuándo zarpa el
bergantín?
Levaremos anclas antes de medía hora – respondió -. He venido a decírtelo, pues
temía que tealarmase mi ausencia. No tendré ocasión de bajar de nuevo hasta pasado
algún tiempo, tal vez durante tres o cuatro días. A bordo todo marcha bien. Una vez que
yo suba y cierre la trampa, sigue la cuerda hasta el clavo. Allí encontrarás mi reloj;
puede serte útil, pues no ves la luz del día para darte cuenta del tiempo. Te apuesto a
que no eres capaz de decirme cuánto tiempo llevasescondido: sólo tres días; hoy
estamos a veinte. De buena gana te traería yo mismo el reloj, pero tengo miedo de que
me echen de menos.
Y sin decir más, se retiró.Permanecí allí tres días con sus noches (según mis cálculos), sin salir de mi
escondite más que dos veces con el propósito de estirar mis piernas, manteniéndome de
pie entre dos cajones que había exactamente frente a la abertura.Durante aquel tiempo
no supe nada de Augustus; pero esto me preocupaba poco, pues sabía que el bergantín
estaba a punto de zarpar y en la agitación de esos momentos no era fácil que encontrase
ocasión de bajar a yerme. Por último, oí que la trampa se abría y se cerraba, y en
seguida me llamó en voz baja preguntándome si seguía bien y si necesitaba algo.
Nada – contesté -. Estoy todo lo bienque se puede estar. ¿Cuándo zarpa el
bergantín?
Levaremos anclas antes de medía hora – respondió -. He venido a decírtelo, pues
temía que te alarmase mi ausencia. No tendré ocasión de bajar de nuevo hasta pasado
algún tiempo, tal vez durante tres o cuatro días. A bordo todo marcha bien. Una vez que
yo suba y cierre la trampa, sigue la cuerda hasta el clavo. Allí encontrarás mi reloj;...
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