Banda de pueblo

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  • Publicado : 8 de marzo de 2012
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BANDA DEL PUEBLO
 
Por José de La Cuadra
 
Eran nueve, en total: ocho hombres y un muchacho de catorce años. El muchacho se llamaba Cornelio Piedrahita y era hijo de Ramón Piedrahita, que golpeaba el bombo y sonaba los platos; Manuel Mendoza, soplaba el cornetín; José Alancay, el requinto; Segundo Alancay, el barítno; Esteban Pacheco, el bajo; Redentor Miranda, el trombón; Severo Mariscal,sacudía los platos sobre el cuero templado del redoblante; y, Nazario Moncada Vera chifliaba el zarzo.
Corneli Piedrahita no soplaba aparato alguno de viento, ni hacía estrépito musical ninguno; pero, en cambio, ea quien llevaba la botella de mallorca, que los hombres se pasaban de boca en boca, como una pipa de paz, con recia asiduidad, en todas las oportunidades posibles. Además aunque contra suvoluntad, el muchacho había de ayudar a conducir el armatoste instrumental del padre, cuando a éste, cada día con más frecuencia, lo vencían los accesos de su tos hética. Era, así imprescindible, y formaba parte principal de la banda.
Por cierto que los músicos utilizaban al muchacho para los más variados menesteres; y, como él era de natural amable y servicial, cuando no lo tocaba el malhumor... prestábase de buena gana a los mandados.
La única cosa que le disgustaba en realidad, era alzarse a cuestas el bombo. De resto, dábale lo mismo ir a entregar, hurtándose a los perros bravos y a los ojos avisores, una carta amorosa de Pacheco, que era el tenorio lírico de la banda, a cualquier chola guapetona; o adelantarse, asi corriendo, cuadras y cuadras, al grupo, para anuncuar como heraldola llegada; o, en fin, aventurarse por las mangas yerbosas en busca de un ternero, un chivo, un chandho, o cualquier otro "animal de carne", al que hundía un largo cuchilloal que punzaba el corazón, si no era que le seccionaba la yugular... para satisfación los nueve estómagos hambrientos, en las ocasiones, no muy raras, en que "los frejoles se veían lejos".
Cuando andaban por zonas áridas decerca al mar, Cornelio Piedrahita tenía que hacer mayor uso de sus habilidades de forzado abigeo.
- Estos cholos de Chanduy son unoh fragaoh - decía Nazario Moncada Vera, contando y recontando las monedillas de níque, - Tre’ sucreh, hemo’ sacao.
Severo Mariscal, era tan alegre como los golpecillos de su tambor cuando tocaba diana, oponía, esperando:
- Pero en Sant’ Elena noh ponemoh lah botah,¡eso en gente abierta! ¡Ya verán! Yo hey estao otras veces, en la banda der finao Merquíade Santa Cru...
- ¿Er peruano?
Boliviano era. Le decían peruano, de insulto. Er se calentaba.
- ¡Ah!...
Redentor Miranda inquiría, angustiado:
- Buenos ¿y la comida? de aquí a Sant’ Elena hay trecho.
Nazario Moncada Vera permanecía silencioso, pensativo. Resolvía después:
- Me creo que deboh’ ir a lo’sitio: Engunga, Enguyina, Er Manantial, L’ Azúcar— Despuésh tumbamo pa Sant’ elena.
- Como sea.
Segundo alansay no se satisfacía:
- ¿Y l’ agua? ¿Quiersde l’ agua?
- En Manantial venden.
- ¿Y la plata? ¿Quiersde la plata?
Todo él era dificultades; lo contrario de su hermano José, para quien ni los obstáculos verdaderos le merecían reparo.
Manuel Mendoza, sentencioso, sabio de vieja cienciamontubia, decía la última palabra:
Pa la seh, lo que hay eh la sandiya...Sandiyah no fartan en estoh lao...
Redentor Miranda insistía:
- Pero, seh no máh no he lo que siente uno... ¿Onde hayanih er tumbe?
Redendor Miranda se parecía, en su faha, a su trombón. Era expliable su ansiedad.
Pero, estaba ahí Manuel Mendoza, oportuno:
- Y loh chivo? ¿Onde me dejan loh chivo? Nohay plata pamercarloh...¡bueno!... ¿y ónde me dejan a "tejón macho"? ¿Onde me lo dejan?
Con esto de "Tejón Macho" se refería a Cornelio. Pidrahita, que tenía este apodo desde antaño, cuando era chiquitin y vivía aun en su pueblo natal de Dos Esteros.
El muchacho sólo les permitía a Mendoza que era su padrino, y a Moncada Vera, que lo llamaran por el mote. A los demás les contestaba cualquier chabacanada.
Ramón...
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