Barack obama

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asombrosa historia de Barack Obama

En la autobiografía de quien podría convertirse en el primer presidente de raza negra en la historia de EE.UU. están las claves de un fenómeno político que sorprende a los analistas.
Por Barack Obama
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Un modelo diferente. Desde su banca en el Senado, Obama seduce a aliados e indiferentes con un discurso integrador.
Mi intención original era un libromuy diferente. La oportunidad de escribirlo apareció primero cuando yo todavía estaba en la Facultad de Derecho, después de haber sido electo como primer presidente negro del Harvard Law Review, un periódico legal vastamente desconocido fuera de la profesión. Un estallido de publicidad sucedió a aquella elección, incluyendo varios artículos en diarios nacionales cuyo foco estaba puesto no tanto enmis modestos logros sino en el lugar peculiar que el Harvard Law Review ocupaba en la mitología estadounidense, al mismo tiempo que pintaban el hambre de Estados Unidos ante cualquier signo optimista del frente contra el racismo –una pequeña prueba de que, después de todo, se había logrado algún progreso. Unos pocos editores me llamaron, y yo, imaginando que tenía que tener algo original paradecir acerca de la situación actual de las relaciones interraciales, decidí tomarme un año libre tras mi graduación y poner mis ideas y pensamientos por escrito.
En ese último año en Derecho, comencé a organizarme mentalmente, con una temblorosa confianza, sobre de qué manera debía fluir el libro. Sería un ensayo acerca de los límites de los litigios por los derechos civiles en determinar laigualdad entre las razas; reflexiones sobre el significado de comunidad y la restauración de la vida pública a través de la organización de bases; contemplaciones sobre la acción afirmativa y el afrocentrismo: la lista de temas ocupaba una carilla completa. Incluiría anécdotas personales, seguramente, y analizaría las fuentes de ciertas emociones recurrentes. Pero, con todo, sería un viaje intelectualque imaginaba para mí mismo; con mapas, lugares de descanso y un itinerario estricto: la primera parte completa para ese marzo; la segunda, entregada para su revisión en agosto…
Sin embargo, cuando en efecto me senté y comencé a escribir, me di cuenta de que mi mente me llevaba a costas más escarpadas. Mis primeros anhelos se enfrentaban con mi corazón. Voces lejanas aparecían, fluían y volvían aaparecer. Luego recordé las historias que mi madre y sus padres me contaban en mi niñez, historias de una familia tratando de explicarse a sí misma. Recordé mi primer año como organizador comunal en Chicago y mis extraños primeros pasos hacia la adultez. Escuché a mi abuela, sentada bajo un árbol de mango mientras trenzaba el cabello de mi hermana, describiéndome a un padre que nunca lleguérealmente a conocer.
Comparadas con este flujo de recuerdos, todas mis prolijas teorías parecían insustanciales y prematuras. Sin embargo, todavía me resistía con fuerza a la idea de ofrecer abiertamente mi pasado en un libro, un pasado que me dejaba expuesto y un poco avergonzado. No particularmente porque se tratase de un pasado doloroso o perverso, sino porque hablaba de aquellos aspectos de mí mismoque resisten la elección consciente y que, al menos en la superficie, contradecían el mundo que yo actualmente ocupo. Después de todo, ya tengo treinta y tres años y trabajo como abogado social y políticamente activo en Chicago, una ciudad acostumbrada a heridas raciales y que se enorgullece de una cierta falta de sentimentalismo. Si he sido capaz de combatir el cinismo, de todos modos me gustaverme a mí mismo como juicioso ante las cuestiones del mundo, y cuidadoso de no esperar demasiado.
Y sin embargo, lo que más me sorprende cuando pienso en mi historia familiar es una corriente incesante de inocencia, una inocencia que parece inimaginable a primera vista, aun medida desde mi propia niñez. El primo de mi esposa, de sólo seis años de edad, ya ha perdido ese candor: hace unas...
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