Batallón de castigo

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Batallón De Castigo

Sven Hassel

Título original: MARCH BATAILLON

La diferencia no es tan grande como parece –dijo Barcelona Blom, al tiempo que es-cupía por la escotilla lateral del tanque-. Como sabéis, intervine en la guerra civil española en calidad de «miliciano» de los Servicios Especiales. Llevábamos por la calle del Ave Maria, en Madrid, hasta las paredes del matadero a lossospechosos de pertenecer a la quinta columna o de ser fascistas. La tierra era allí tan seca que se bebía instantáneamente la sangre. Así no había que limpiarla. Preferían fusilarlos de pie, pero algunos se echaban al suelo y no había manera de hacer que se levantaran. Muchos gritaban: «¡Viva España!»
»Cuando me pescaron los nacionalistas y me metieron en la Legión Extranjera espa-ñola tuve quedemostrar que era un buen alemán y que había sido alistado a la fuerza por los hombres del general Miaja. Me metieron en la tercera compañía del segundo batallón, los del cuello azul.
-Bueno, basta de esa guerra –protesto Hermanito-. Es mejor que nos hables de las corridas de toros y de las hermosas mujeres bajo el sol.
Barcelona se frotó los ojos, como para borrar las visiones macabras. Empezó ahablar y olvidamos el frío ardiente y la nieve que helaba. Ya sólo veíamos el sol de España, ya sólo escuchábamos los clamores entusiastas de la multitud.
Incluso el T-34, el tanque ruso en que nos encontrábamos, escuchaba y olvidaba que le faltaba aceite. Ronroneaba suavemente, muy satisfecho, e imaginaba que era un enorme toro negro.


CAPITULO I

COMANDO ESPECIAL

La nieve se arremolinabaen la estepa sin límites. Espesos torbellinos azotaban los tanques alineados en formación cerrada, los unos tras los otros, sobre lo que debía de ser una carretera. Las tripulaciones se habían arrastrado bajo los vehículos o se arrebujaban en el lado protegido del viento, para resguardar sus rostros helados de los mordiscos de la tempestad.
Hermanito estaba bajo nuestro Panzer IV. Porta se habíaconfeccionado una especie de colchón entre las cadenas, y parecía una enorme lechuza de nieve, con la cabeza hundida entre los hombros; entre sus piernas se acurrucaba el legionario, aterido.
El absurdo avance había cesado por el momento, sin que nadie nos hubiese dicho el motivo; de cualquier manera, a todo el mundo le daba igual. Permanecer allí, a la espera, o hacer otra cosa, poco importaba.No dejaba de ser la guerra.
Julius Heide, metido en un agujero, propuso una partida de cartas, pero nuestros de-dos estaban tan entumecidos que no hubiesen podido sostener un naipe. El legionario tenía congelaciones serias en las manos y las orejas. El linimento que se nos había distribuido para estos casos parecía agravarlas; Porta lo había tirado desde el primer día, diciendo que olía a mierdade gato.
El Viejo se nos acercó, jadeando. Venía de ver al comandante. Su fusil ametrallador cayó en la nieve antes de que él se echara a su vez.
-¿Qué dice ese cerdo? –preguntó Porta, examinándose las manos cubiertas de heridas puru-lentas.
El Viejo no contestó. Empezó a llenar su pipa, la vieja pipa con tapadera que él mismo se había fabricado. El legionario le alargó su encendedor; era elmejor encendedor del mundo, el que nunca fallaba; lo había hecho con una capita de plomo y varios trapos calci-nados, un pedazo de madera provisto de un fragmento de sílice y un trozo de navaja de afeitar. La navaja arrancaba una chispa al sílice, los trapos ardían y se encendía la pipa o el cigarrillo; luego se apagaba al bajar la tapa; la peor tempestad no impedía que el encendedor funcionase, ysu débil resplandor era mucho menos visible, de noche, que el de una cerilla encendida.
-Bueno ¿qué ha dicho? –insistió Porta; después escupió con impaciencia.
Hermanito se golpeaba los muslos, para hacerlos entrar en calor.
-¡Jesús, que frío hace! –Se frotó con precaución el rostro apergaminado-. ¿Crees que falta mucho para la primavera?
-¡Imbécil! –exclamó Porta-. Apenas ha empezado el...
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