Batallas en el decierto

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José Emilio Pacheco: Las batallas en el desierto (Tusquets, 2010) Por Eduardo Laporte, sábado, 01 de mayo de 2010 La editorial Tusquets recupera este título de 1981 el mismo mes de abril en que José Emilio Pacheco (México D.F., 1939) recibía en Alcalá de Henares el Premio Cervantes 2009. La obra narrativa de este poeta, ensayista, traductor y gran erudito es dispersa, frugal incluso. Seis títulosen un carrera literaria de fondo que se remonta a los años cincuenta. Siendo poco menos que imberbe, Pacheco fue incluido en la llamada 'Generación de los años cincuenta', que integraba a nombres tan sólidos como Carlos Monsiváis o Sergio Pitol. Sus primeras incursiones líricas le posibilitaron entrar en tan selecta nómina literaria. En Las batallas en el desierto, Pacheco realiza un ejercicioque podríamos denominar de 'lirismo invisible'. Convencido maestro de la escuela de la antirretórica, el autor mexicano consigue sin embargo trasladar una atmósfera poética, en absoluto empalagosa, a la historia de amor del pequeño Carlos, que cae rendido ante los encantos de la madre de su amigo Jim. Apenas ochenta páginas que se leen como quien consume un delicado manjar que tiene la virtud de nosaberse delicado ni manjar. Quizá vaya a ser cierto que el flamante Premio Cervantes de las de Letras 2009 sea, de veras, un tipo humilde. Lo demostró con esa curiosa estampa en la que sus pantalones “de pingüino” se le vinieron abajo minutos antes de pronunciar su discurso en el paraninfo de la universidad complutense (o alcalaína). “Un buen argumento contra la vanidad”, reconoció. Porque elpecado de la vanidad no parece ser el que más le tiente a este hombre de letras, como se puede comprobar con sus gestos y actitudes, pero también con sus obras.

En Las batallas en el desierto, el narrador y protagonista Carlos, aún niño en el sentido fisiológico del término, adentra al lector en un universo infantil que coquetea con el adulto, con el universo adulto de tentaciones turbadoras.Conoce a la madre de su amigo Jim, una madre en la flor de la vida, con 28 años, cuya sensualidad no pasa inadvertida para un Carlos en el que empieza a despuntar esa placentera losa de la vida adulta: el deseo. Carlos es un niño que no vacila, no se queda en el terreno plácido de las brumas platónicas y decide mostrarse ante su inalcanzable amada. Una mañana se escapa de clase, a sabiendas de que laencontrará sola en el domicilio, y se presenta en casa de la madre de Jim. La inesperada visita sorprenderá a la bella mujer, pero también le halagará, dejará un poso dulce en su alma. En los encuentros anteriores de meriendas y juegos, ella se ha mostrado interesada en Carlos, de algún modo. Es algo más que la cálida indiferencia de una madre ante el amigo de su hijo, y él lo nota.

Toda lanovela es un canto a la infancia, esa infancia que conoce las primeras fisuras, las primeras grietas por donde entra el dolor, y que Pacheco nos presenta de un modo no sabemos si autobiográfico pero sí, desde luego, atractivo

Pero la visita trascenderá, y los padres de Carlos se enteran, se encandalizan, lo tratan de loco, de enfermo, de perturbado, de vicioso. Él no entiende nada, no siente quehaya hecho nada malo, tan sólo hacer caso a los dictados de corazón, pero se encontrará con el rechazo y las miradas torvas de los demás.

Han pasado casi treinta años desde que Pacheco escribiera esta novelita. La última la entregó a la imprenta en 1992. Durante este tiempo se ha dedicado especialmente a su faceta lírica; en 2009 publicó dos títulos, Como la lluvia y La edad de las tinieblas.A pesar de la fractura temporal, la obra ha envejecido favorablemente. Habla del pasado, y ese ejercicio de la memoria lo recibe el lector de un modo siempre fresco. Da igual que se hable de finales de los años cuarenta, en México, en 1981 que en 2010. Toda la novela es un canto a la infancia, esa infancia que conoce las primeras fisuras, las primeras grietas por donde entra el dolor, y que...
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