Biorafia de padre estefenelli

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Padre Alejandro Stefenelli. Misionero en la Patagonia Norte.1864 - 1952.
 






 Padre Alejandro Stefenelli. Misionero Salesiano. 
 Sueños imposibles, hechos realidad.

      El Alto Valle del Río Negro, sorprende por la cantidad de poblaciones que se concentran en esa estrecha y fértil franja de tierra que bordea el curso del Río Negro.
    Las poblaciones llevan allí los apellidosde generales y coroneles, de la llamada “Conquista del Desierto”, entremezclados con los de aquellos "pioneros del riego", ese milagro de la ingeniería hidráulica y el esfuerzo humano que hace apenas un siglo,  transformó el paisaje y la economía del lugar.
     Entre ese rosario de nombres no podía faltar el de un Misionero Salesiano, el Padre Alejandro Stefenelli, el hombre que Don Bosco envióa la Patagonia con una esmerada preparación y con todo el entusiasmo de sus 24 años de edad. 
         De Trento al Oratorio
      Alejandro Stefenelli, nació en Fondo Val di Non, Trento, norte de Italia en 1864; frecuentó el Colegio donde se inclinó por las Ciencias Exactas. 

        El Doctor Enrique, su papá,  había muerto demasiado joven, 49 años, a consecuencia de una pulmonía portrasladarse en esquíes para atender a un paciente en medio de una tormenta de nieve. La mamá, Catalina, no resistió la viudez con ocho hijos a cargo (y otros cuatro muertos tempranamente) y siguió a su esposo tres meses después, a los 42 años.
      El tío Guido, prestigioso sacerdote , director espiritual del seminario de Trento, consiguió un permiso especial del Papa para hacerse cargo de sus ochosobrinos, Alejandro tenía sólo 11 años.
       “¿Ahora empiezan a venir también deTrento?”, comentó Don Bosco esa tarde cuando le presentaron a un pibe de apenas15 años, 1879, venido de esa región alpina bajo el dominio del imperio austríaco.
       Hacía tiempo que Alejandro había escuchado hablar de Don Bosco. Aún recordaba los comentarios de su padre sobre ese cura de Turín, al que conocía porlos diarios.

       Un día en que fue a conversar con su párroco, éste, que era cooperador salesiano, le habló nuevamente de Don Bosco y le propuso que fuera a vivir y a estudiar a su casa grande de Turín. La idea lo entusiasmó, pero el tío Guido se opuso. "Esa casa y ese cura no tienen el nivel que un  De Stefenelli se merece. Lo que pagan ahí por mes es menos de lo que se paga en una fonda deTrento por una comida”, comentó enojado el tío tutor.

      Pero Alejandro y el párroco supieron insistir hasta conseguir el permiso para llegar a Turín, aunque fuera “a prueba y con el dinero en el bolsillo para el viaje de regreso”. 
       Para Alejandro, venido de otro ambiente, le resultó difícil soportar “la poco atrayente dieta, la mesa sin manteles y los rústicos utensilios de latón yde madera” del Oratorio. Incluso el clima de Turín, por momentos sofocante, le trajo serios problemas en la piel  y pulmonares. Una nueva conversación con Don Bosco junto a un grupo de aspirantes a salesianos, “comprendí el valor de esos vasos y platos de lata; ya las comidas condimentadas tan rústicamente en ese internado, no me causaron repugnancia”.

     “En mi mente de jovencito de 15 añosse encontraban y se oponían varias tendencias–recordaría ya anciano el padre Stefenelli–.
       "No todas me atraían con la misma fuerza, pero todas arrebataban mi fantasía, que luchaba por descubrir el futuro de mi vida. Mi ambición era siempre estudiar ingeniería; pero a menudo gozaba viéndome misionero en países lejanos, en regiones inexploradas, predicando y al mismo tiempo, curandoenfermos y construyendo casas,  hospitales e iglesias para convertir y civilizar a los pueblos bárbaros”.

      “Cuando cnversé varias veces con Don Bosco ya no tuve ninguna duda sobre mi porvenir; yo fui un entusiasta ayudante de este sacerdote que cuidaba a los niños más humildes”.
         A principio de 1881, convencido de mi vocación  religiosa, con 17 años, Don Bosco  me invitó a tomar el...
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