Bizanzio

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Stephen Lawhead

Bizancio

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PRIMERA PARTE
Dios estará contigo en las montañas, Jesús estará contigo en los collados, el Espíritu Santo estará contigo en los arroyos, las mesetas, las sierras y los campos; en todos los mares y en todas las tierras, en todos los yermos y prados, en cada descenso y en cada subida, en cada paso del viaje que des.

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Stephen Lawhead

Bizancio

1Vi Bizancio en un sueño y supe que moriría allí. Aquella gran ciudad me pareció un ser vivo: un grandioso león dorado o una serpiente enroscada sobre una roca, hermosa y mortífera. Con pasos temblorosos caminaba para abrazar a la bestia; el miedo me helaba la sangre. No oía sonido alguno salvo el latir de mi propio corazón y la respiración lenta y jadeante de la criatura. Cuando me acerqué, susojos entornados se abrieron y la bestia despertó. Levantó su temible cabeza, abrió la boca. Un ruido semejante al ulular del viento en el cielo invernal rasgó el aire y sacudió la tierra, una ráfaga de aliento pestilente me echó hacia atrás y parecía que mi propia carne se pudría de golpe. Me tambaleaba, sentía náuseas, jadeaba, incapaz de resistir porque era arrastrado por una fuerza superior amí. Sólo miraba espantado mientras la terrible bestia gruñía y movía la cabeza hacia arriba y hacia abajo, como un relámpago, como un águila arrojándose sobre su presa. Sentí las horribles mandíbulas muy cerca y me incorporé con un grito. Entonces me desperté, pero sin alegría ni alivio, porque no estaba ante la vida, sino ante la certeza terrible de la muerte. Iba a morir y las torres doradas deBizancio serían mi tumba. Y sin embargo, antes del sueño, un poco antes, yo veía las cosas de un modo muy diferente. A pocos hombres se les presenta una oportunidad tan magnífica, y me consideré sumamente afortunado por mi buena suerte. ¿Cómo no hacerlo? Era un honor poco frecuente para alguien tan joven, y lo sabía muy bien. No era fácil olvidarlo, porque a cada momento me lo recordaban mis hermanosmonjes, muchos de los cuales me miraban con envidia mal disimulada. Se me consideraba el más capaz y culto de los sacerdotes jóvenes, y por lo tanto el que tenía más probabilidades de obtener el honor que todos queríamos. El sueño, sin embargo, envenenó mi felicidad. Supe que mi vida terminaría con sufrimiento y terror; lo había visto en el sueño y no era tan tonto como para dudarlo. Sabía, conla certeza de una convicción probada a fuego, que lo que había soñado sucedería. Seguramente soy una de esas almas desgraciadas que ven el futuro en sus sueños, y mis sueños nunca se equivocan. El mensaje en que se nos comunicaba el plan del obispo nos había llegado poco después de Navidad. —Serán elegidos once monjes —nos informó el abad Fraoch esa noche en la mesa—. Cinco monjes de Hy, tres deLindisfarne y tres de Cenannus. La selección debe hacerse antes de Semana Santa. 3

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Bizancio

Entonces nuestro buen abad abrió los brazos para abarcar a todos los reunidos en el refectorio. —Hermanos, place al Señor honrarnos de este modo. Por encima de todas las cosas, dejemos a un lado los celos y las rivalidades egoístas, y que cada uno busque el camino del Santo Rey enlos días por venir. Eso fue lo que hicimos, cada uno a su manera. En realidad, no fui menos fervoroso que el resto. Iban a elegir a tres, y yo quería ser uno de ellos. Así que, a lo largo de los oscuros meses de invierno, me esforcé por merecer ser elegido ante Dios y ante mis hermanos. Era el primero en levantarme y el último en acostarme, y trabajaba con diligencia ilimitada, no sólo dedicándome aaquellas tareas que me correspondían naturalmente, sino ocupándome también de las de los demás. Si alguno estaba rezando, iba a rezar con él. Si alguien hacía algún trabajo, le ayudaba. Tanto en los campos, en el gallinero, en el oratorio como en el scriptorium, allí estaba yo, diligente y laborioso, haciendo todo lo que estuviera a mi alcance para aliviar la carga de los demás y demostrar que...
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