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Simona Sparaco

Lovebook

El amor en los tiempos del Facebook

Índice

Resumen 5
Solidea 6
Edoardo 25
Solidea 38
Edoardo 48
Solidea 55
Edoardo 65
Solidea 74
Edoardo 81
Solidea 85
Edoardo 91
Solidea 100
Edoardo109
Solidea 112
Edoardo 119
Solidea 121
Edoardo 124
Solidea 131
Edoardo 136
Edoardo 144
Solidea 148
Edoardo 153
Solidea 158
Edoardo 172
Solidea 175
Edoardo 179
Solidea 185
Agradecimientos190

A mi padre,
porque nunca dejó de creer en su hija,
así como yo nunca he dejado de creer en él.

Resumen

Solidea tiene ocho años cuando a la salida del colegio se encuentra con Edoardo. Ella sólo es una niña mientras que Edoardo es un adolescente. La diferencia de edad entre ellos es una barrera que no se puede romper. Pero quince años más tarde, después de una desastrosarelación sentimental, Solidea vuelve a pensar en Edoardo, y ahora sólo hace falta teclear su nombre en el teclado del ordenador para volver a encontrarlo en Facebook. Empieza así una romántica aventura, una historia contada a dos voces, llena de golpes de escena e imprevistos.

Solidea

—¿Solidea?

—Solidea, ¡por favor!

Mi madre me está llamando. Una cliente espera y yo me he quedadoembobada mirando la calle, el vaivén de coches al otro lado del escaparate.

—Solidea, ¿cuánto tiene que pagar la señora Marcella por esas plumas?

Esa cabrona de Matita[1], mi perra, está cruzando a toda prisa la calle para ir al encuentro de su viejo dueño, mi ex novio. ÉL sin ninguna piedad, la habrá llamado desde el escaparate, sacudiendo la caja de sus galletas favoritas. Lo hace amenudo, el muy capullo.

—Solidea, por favor, ¿le haces la cuenta?

Como si no lo supieran. Como si no supieran que cada día mi esfuerzo se centra en imaginar que la tienda de animales al otro lado de la calle no existe, que Matteo no está allí vendiendo galletas y hámsteres, y que no hemos sido novios durante nueve años para después dejarnos porque un día él le vendió un cachorro de pastorde los Abruzos a una tía que entró en su tienda por error, confundiéndose con la del peluquero de al lado. Al final debió de quedarse allí por su mirada, esa que te dice: «No te vayas, porque si no podríamos perder la ocasión de nuestras vidas». Conozco bien esa mirada. ¡Y tanto!

Puede que la única víctima de esta historia sea ese perro pastor atolondrado, que podía desear cualquier cosamenos una dueña despistada y con el pelo cardado que se lo dejara por todas partes. Vaya ganga. Lo que pasa es que Matteo podría venderles una nevera a los esquimales y convencerte de que al fin y al cabo tú también necesitas una nevera nueva, y a lo mejor hasta un esquimal.

—Solidea, ¡haz el favor de ocuparte de la señora Marcella!

Claro que me ocupo de ella. Somos tres en la tienda, pero,naturalmente, cuando hay un cliente soy yo la que se ocupa. Si además esa cliente es la señora Marcella, que siempre tiene alguna queja sobre cualquier cosa, vamos, no hay dudas.

Cuando empecé a trabajar, jamás imaginé que llegaría a preguntarme por qué. Había aprobado la selectividad por los pelos y al ver un libro abierto me entraban ganas de vomitar. Recuerdo que el primer día de trabajole dije a mi madre:

—De los libros puedo aguantar la cubierta, nada más, y por suerte en esta tienda no hay muchos.

Ella sonrió indulgente, a lo mejor ya sabía que un día volvería a tener ganas de abrirlos.

De hecho así fue. Aunque cuando volvieron las ganas, se fue el tiempo para hacerlo. Me parece que nunca es suficiente, hay tantas buenas novelas que quisiera leer..., y me...
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