Brecht

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  • Publicado : 2 de junio de 2011
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humillada— el cordero sacrificial. Ella quiere amar. Ya antes había sacado de una casa que amenazaba hundirse, en contra del predicador que se niega, un niño pequeño, un niño lactante indefenso, lo sostiene triunfalmente en sus brazos y está feliz. En este momento se insinúa ya el sacrificio de Kattrin, cuando la Coraje le previene: «No seas bondadosa, no lo seas, en tu camino hay también unacruz» (p. 17).

Como un eco del grito de Nuestro Señor en la Cruz: «Todo está consumado» (Joh. 19, 30), podría interpretarse el grito del soldado como comentario a la entrega de Kattrin: «Lo ha conseguido» (p. l05). La muda quiere mostrar con su acción la posibilidad de todos de cambiar situaciones desesperadas. Al mismo tiempo intenta demostrar a los que no quieren actuar —porque se creendemasiado débiles, porque piensan que otro es el indicado para ello o que de todos modos no se puede cambiar nada—, que el más indefenso está capacitado para ayudar y que por tanto nadie puede tener una coartada para rehusar la ayuda necesaria. Pero ésta es una llamada a la pura fuerza humana que emergería detrás de la desesperación religiosa, y es por tanto un nuevo modo de afirmar que sólo el hombrepuede dominar las situaciones de la vida, y que la religión es una superestructura. Esto es invertir radicalmente el valor y el ejemplo de la Cruz de Cristo. Cuando la situación lo exige, según Brecht, el individuo tiene que posponer sus intereses a los de la sociedad, y en último caso tiene que jugar su vida por salvar la de otros muchos. Pero esta exigencia de heroísmo es puramente humana, carecede toda consistencia: se «roba» a la religión su carga de entrega, dándole un giro antropocéntrico, y en consecuencia se priva al heroísmo de todo verdadero fundamento. Si no hay Dios, el sacrificio de Kattrin es vano; solamente enmascara la desesperación.

El rechazo de la Iglesia por parte de Brecht está relacionado con la imagen que tiene de Jesucristo. La Iglesia, dice Brecht, ha quitadoimportancia a la pobreza con que vivió Cristo y ha glorificado el resto de su vida para evitar cualquier crítica a su riqueza y a su poder. El poder del olvido habría auxiliado a la Iglesia para ver sólo el nimbo de gloria y no la miseria. La historia de la Iglesia habría reinterpretado a Jesucristo. Habría pasado por alto su pobreza, alejándolo así de los pobres, y se habría convertido en un sistemade explotación, haciendo de la relación personal con Jesucristo el objetivo de las acciones religiosas. Este objetivo sería, al mismo tiempo, medio para distraer de las acciones revolucionarias. Por eso la Iglesia estaría al servicio de formas de dominio capitalista.

Brecht no considera nunca ni se pregunta por la verdadera esencia de la Iglesia. Se ocupa solamente de deformar el verdaderosentido de las actividades de la Iglesia, interpretándolas según el cliché de dominación capitalista-opresión del pueblo.

Brecht dedica sus peores críticas a la figura del predicador (y, a través de él, al sacerdote en general), presentándolo como un parásito de la sociedad, que está pegado a ella amenazando y exigiendo, distanciándose de la miseria y de la desgracia, y contemplando las alegríashumanas —de las que no es capaz de ser partícipe— con desconfianza y envidia. Desde el nacimiento hasta la muerte está pegado al hombre y no se deja espantar ni expulsar. Vive de los demás, a los que no da nada, e incluso les estropea la más pequeña alegría que pudieran tener. La campesina de la escena del tambor ha aprendido su oración —que la exime de esforzarse— del cura de la iglesia. Su oraciónexpresaría el «acomodamiento a cualquier desgracia querida fatalmente por Dios».

Toda esta visión del autor nada tiene que ver con la realidad del sacerdocio católico. El juicio de Brecht en este tema no es original; es el típico del marxismo, y por esto no es necesario hacer aquí la crítica. El simplemente presta su pluma para repetir las caricaturas antirreligiosas que con tanta profusión...
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