Caca

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  • Publicado : 26 de abril de 2011
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acostumbrado más que al alimento ordinario; y ya no lo puedo comer.» Su género de vida no había despertado en él ningún deseo de evocar el fantasma del apetito. Y Raveloe era un lugar en que muchos antiguos ecos se habían retrasado, sin que los ahogaran las voces
nuevas. No es que fuera una de esas parroquias estériles, relegadas en los confines de la civilización, en las
que vivían los flacoscarneros y escasos pastores. Por el contrario, era una aldea situada en la rica llanura
central del país que nos complacemos en llamar la Alegre Inglaterra, en la que había granjas que, consideradas
del punto de vista espiritual, pagaban al clero diezmos muy deseables. Pero estaba situado en una hondonada
tranquila y poblada de bosques, a una buena hora de todo camino para jinetes, en un sitioa que no podían
llegar ni los toques del cuerno de la diligencia, ni los ecos de la opinión pública.
Era Raveloe una aldea de aspecto importante, en el corazón de la cual se alzaban una bella y antigua iglesia,
con un vasto cementerio, así como dos o tres grandes edificios construidos de piedra y ladrillo, cuyos techos
estaban adornados con veletas y los huertos bien cercados de paredes. Esashabitaciones estaban situadas junto
al camino, y sus fachadas se erguían con más majestad que el presbiterio, cuya cima emergía en medio de los
árboles, del otro lado del cementerio. Raveloe era una parroquia que indicaba en seguida la categoría de sus
principales habitantes. Informaba al ojo experimentado que no había gran parque ni castillo en el vecindario,
pero que contaba con varios jefesde familia que podían, a su capricho, malbaratar sus tierras, sacando, sin
embargo, en aquellos tiempos de guerra, bastante dinero de su mala explotación, como para llevar vida
holgada y celebrar alegremente las fiestas de Navidad, de la de Pentecostés y de Pascuas. Hacía ya quince
años que Silas Marner vivía en Raveloe. No era, cuando allí llegó, más que un joven pálido, de ojos negros,salientes y miopes, cuya fisonomía no hubiera tenido nada de extraño para gentes de cultura y experiencia
comunes; pero para los campesinos, entre los que había ido a establecerse, tenía algo de particular y
misterioso que respondía a la naturaleza excepcional de su profesión, y a su llegada de una región
desconocida, llamada «el norte».
Lo propio pasaba con su modo de vivir; no invitaba nunca anadie a que salvara su umbral, y no salía nunca a vagar por la aldea para beber un jarro de cerveza en la taberna del Arco Iris o charlar en casa del carretonero. No buscaba nunca a hombre ni a mujer como no fuera para las necesidades de su profesión, o a fin de
proporcionarse lo que necesitaba, y las mozas de Raveloe pronto se persuadieron de que jamás obligaría a
ninguna a casarse con él contrasu voluntad, tal cual si las hubiera oído declarar que no se casarían nunca con
un muerto resucitado.
Esta manera de considerar la persona de Marner no era otro motivo que la palidez de su rostro y sus ojos
singulares, porque Jacobo Rodney, el matador de topos, afirmaba lo que sigue: Una tarde, al volver a su casa,
había visto a Silas apoyado contra una cerca, con el pesado fardo al hombro,en lugar de colocarlo sobre la
cerca, como hubiera hecho un hombre que estuviera en su juicio; después, al acercarse, vio que los ojos del
tejedor estaban inmóviles como los de un muerto; en seguida le habló, lo sacudió y notó que sus miembros
estaban rígidos, y que las manos apretaban el saco como si fuesen de hierro; pero, precisamente en el
momento en que acababa de convencerse de que Marnerestaba muerto, éste recobró sus sentidos, le dio las
buenas noches y se marchó.
Rodney juraba que había sido testigo de todo esto; y era tanto más creíble cuanto que agregaba que la cosa había sucedido el mismo día en que había ido a cazar topos en la sierra del squire Gass, allá cerca del viejo foso de los aserradores. Algunas personas decían que Marner debía haber tenido un «ataque»,...
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