Camila todos los fuegos

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Juan Diego Mejia en linea

Camila Todoslosfuegos (1992)

Yo fui un auténtico jarli, pero desde el 15 de noviembre de 1971 soy un recuerdo que se va. En estos años vi madurar a Camila como un árbol al sol y al agua sin esconderse de las noches frías ni de los días tristes. Su cuerpo se está ajando, y no queda ni sombra de esa piel tibia que me sonreía en mi garaje o echados en la tierra húmeday arenosa de las montañas que recorríamos en mi Harley Davidson. Para Camila soy apenas un leve dolor en su alma, un débil recuerdo que conserva como una mascota frágil en los rincones oscuros de esta casa donde por mucho tiempo fui una presencia que la atormentaba. Veinte años pasaron y no hay dudas de que disfruta su soledad. Es una mujer que aprendió a vivir sola y sin esperanzas, sabiendo quese está volviendo vieja. Ella lo siente porque cada vez son menos las propuestas que le hacen los hombres en esas largas caminadas desde su trabajo hasta la casa. Muchas veces la detuvieron manos extrañas, y bocas oscuras le pidieron besos y sexo. Camila sólo aceptó en escasas ocasiones, y lo hizo pensando en mí, agrandando este recuerdo. Así los trajo hasta acá. Sin mirarlos a las caras. Sinencender las luces para no espantar mi memoria agonizante. Temerosa de descubrir la verdad en el reflejo de las ventanas o en el resplandor de los espejos. En silencio, ahogándoles los gemidos, los llevó a su cama y allí los amó y se dejó empujar al vacío. Sé que luego buscó mi imagen, algo que la pusiera a salvo de la tristeza, y sentí su llanto débil, tan débil como el recuerdo que ahora soy en suvida. Quién hubiera pensado hace veinte años que Camila se iba a volver vieja. Ahora camina despacio por la ciudad y todos los días aparece en esa puerta cuando ya se ha oscurecido. Entra y en la primera silla de la salita de estar descarga los paquetes que trae del mercado. Sin encender las lámparas deja los zapatos en la puerta del baño, y no la cierra cuando se sienta a orinar. Le gusta mirardesde allí hacia la oscuridad. En esos momentos siente el resuello de mi recuerdo cada vez más débil, ahora frágil, yo diría imperceptible. En su rutina la he visto acariciar mi fotografía donde estoy con gafas rayban espejo y patillas largas a la moda de 1971. A veces se detiene a buscarme en esos químicos que residen desde hace tiempo en el papel enmarcado, me acerca a su pecho robusto ycuarteado por los años y me besa con los ojos cerrados. Ya no salen lágrimas de esos óvalos grandes y maduros. Camila Cienfuegos, me gusta decirle. Cien fuegos, querida así como suena, le dije cuando se sentó junto a nosotros la primera vez y preguntó con esa vocecita que me atrapó desde el comienzo, ¿Camila qué?, Cienfuegos, Milfuegos, Todoslosfuegos, le insistí sin explicarle que mi hermano Juan en eseentonces hablaba todo el tiempo del guerrillero cubano y otras pintas soberbias que él mantenía en la cabecera de su cama. Juan se identificaba con ellos, pero a mí sólo me interesó ese nombre porque me imaginaba en una moto grande de la que salía candela por todas partes y me veía como un demonio de gafas oscuras. Ella no alcanzó a saber la verdad del apodo que desde entonces le puse, y mi gentela dejó así, Camila. Para mí fue como una bendición su llegada esa tarde al café donde los jarlis escuchábamos en silencio las mentiras de Octavio. Ya había oscurecido afuera y la calle Sucre se veía triste desde la mesita repleta de humo. Entró moviendo la cabeza en forma nerviosa como si buscara a alguien. Repasó una a una todas las caras de los que en esos momentos nos ahogábamos en el café ycuando me tocó el turno dije en voz tan baja que apenas pudieron escuchar quienes más cerca estaban, “Camila Cienfuegos”; y sonreí mirándola a esos ojos negros. Sin embargo me oyó y apartó con un suave movimiento de su mano izquierda el humo que había viajado hasta ella. Caminó despacio hacia mí y se inclinó para pedirme una aclaración acerca del nombre. Con el tiempo me he preguntado...
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