Capitulo #5 el contrato

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El tercero de los institutos económicos (el primero hemos visto que era la guerra y el segundo la propiedad) que explican el nacimiento del derecho, es el contrato.El contrato, como el dominio, está lógicamente vinculado con la guerra: el dominio es un
prius
de ella, y el contrato es un
posterius
; el dominio la enciende, y el contrato la extingue. Loscombatientes, cuando han llegado alpunto muerto, tratan de asegurarse las posiciones conseguidas para el futuro: el victorioso, para garantizarse las ventajas de la victoria, y el vencido para protegerse contra pérdidas ulteriores. El contrato implica, pues, una proyección hacia el futuro: tienela finalidad de fijar para el porvenir ciertas posiciones actuales: por eso es que implica una promesa recíproca, y la promesa es unadeclaración que se refiere al futuro. La promesa, a su vez, sefunda en la fides, es decir, en último análisis, en la moralidad de la otra parte; precisamente a reforzar esa confianza estaban dirigidas ciertas formas solemnes que en el derecho antiguo acompañaban al contrato.Por desgracia, decíamos, la economía es enemiga de la moralidad. La relación entre lasfuerzas, con el transcurso del tiempo, sedesplaza; cuando uno de los contrayentes siente o creesentir que sus fuerzas han crecido con relación a lo que eran en el momento de la conclusión delcontrato, se ve naturalmente determinado a violarlo. Por eso, dijimos, el contrato, en el terrenoeconómico, vale más bien para interrumpir que para eliminar la guerra; es, a la verdad, más uninstrumento de tregua que un instrumento de paz.Para hacerque venga a ser, o para tratar por lo menos de hacer que venga a ser, un instrumento de paz, sirve el derecho. Del mismo modo que de instituto económico se convierte lapropiedad en instituto jurídico, asume también el contrato eficacia jurídica; en otros términos, asícomo el mandato del jefe garantiza el dominio, así también garantiza el contrato: "
Uti lingua nun- cupassit, ita ius esto
",decían los Quirites: según las palabras que se han pronunciado, así es elderecho. Esto significa que lo que con el contrato se había establecido valía como derecho, o enotras y más precisas palabras, que el contrato venía a ser un mandamiento, y a los contratantesse les había concedido el poder de mandarse recíprocamente. Póngase, pues, atención: el hechode convertirse en jurídico el contrato no esmás que un desenvolvimiento lógico de haberse convertido en jurídico el dominio.En efecto, ¿qué quiere decir que la propiedad ha pasado a ser un derecho? No otra cosasino que una persona tiene el poder de mandar acerca de sus cosas. Porque yo soy el dueño deella, tengo poder de permitir o de prohibir que alguien entre en mi casa. Porque yo soy dueño demi caballo, tengo el poder de permitir o deprohibir que otro haga uso de él.Si se lo permito, he ahí un contrato, al cual, según que el goce del caballo se consienta deprecario o para siempre, le damos el nombre de
comodato
o de
donación.
Un contrato, porque aconcluirlo concurren dos declaraciones: la de quien da y la de quien recibe, dos declaraciones
"quae in idem placitum consentiunt
", decían los romanos, o sea, que concuerdanentre sí: por esodice la ley italiana que el contrato es un acuerdo entre las partes para constituir un vínculo de derecho, y quiere decir un acuerdo al que, quienes lo han concluido, están vinculados bajo pena deverse constreñidos a observarlo.Los ejemplos recién considerados atañen a algo que se llama contrato gratuito: se llamaasí porque es una sola la parte que da y otra la que recibe. Perosi sustituís a la donación la permuta o la venta, o al comodato la locación, veréis que el contrato se complica, por cuanto cadauna de las dos partes da y recibe: en la permuta, cada una da a la otra una cosa diversa; en laventa o en la locación, una da una cosa y la otra da el dinero; por eso, en tales casos, se habla decontrato oneroso.No hay caso entre los institutos jurídicos otro que como...
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