Capitulo 9 y 10 sin novedad en el frente

Solo disponible en BuenasTareas
  • Páginas : 60 (14850 palabras )
  • Descarga(s) : 0
  • Publicado : 7 de febrero de 2011
Leer documento completo
Vista previa del texto
CAPÍTULO NOVENO
Viajamos algunos días en el tren. Aparecen en el cielo los
primeros aviones. Pasan convoyes de transporte. Cañones, cañones.
Nos recibe el ferrocarril de campaña. Busco mi regimiento, nadie
sabe, con exactitud, dónde se encuentra. Pernocto en cualquier lugar;
por la mañana me proporcionan víveres y algunas vagas
instrucciones. Cojo la mochila y el fusil y me pongo denuevo en
camino.
Cuando llego al pueblecito, que está destruido, ya no queda
nadie. Me dicen que nos han organizado como división volante
destinada a correr por todas partes donde huela a cuerno quemado.
No me hace ninguna gracia esto. Me cuentan que hemos sufrido
muchas bajas. Pregunto por Kat y Albert. Nadie sabe nada.
Sigo buscando, voy de un lado a otro con una inquietudextraña. He de acampar todavía dos noches como un piel roja. Por fin
obtengo noticias concretas y, por la tarde, puedo presentarme en la
oficina de la compañía.
El sargento mayor me retiene. La compañía llegará dentro de
dos días; no es preciso mandarme al frente.
— ¿Qué tal el permiso? —me pregunta—. Espléndido, ¿no?
—Así, así —respondo.
—Sí... —suspira—, si no se tuviera que volver... Esoes lo que
amarga la segunda mitad.
Ganduleo por allí hasta la mañana que llega la compañía. Gris,
sucia, malhumorada, mustia. De un salto me meto entre las filas y
busco ávidamente... Allí está Tjaden y aquí Müller que se está
sonando. Encuentro también a Kat y Kropp. Disponemos nuestras
colchonetas una al lado de otra. Me siento culpable al mirarles y, sin
embargo, no hay motivo.Antes de acostarme saco el resto de los
buñuelos y la mermelada para que también ellos los prueben.
Los dos buñuelos de los extremos se han enmohecido un poco,
pero todavía pueden comerse. Los reservo para mí y doy los más
frescos a Kat y Albert.
Kat come y pregunta:
— ¿Los ha hecho tu madre?
Hago un gesto afirmativo.
—Se conoce en el sabor.
Tengo ganas de llorar. No mereconozco a mí mismo. Pero ahora
todo irá mejor; vuelvo a estar con Kat, Albert y los demás. Me
encuentro en mi ambiente.
—Has estado de suerte —murmura Kropp adormeciéndose—.
Se dice que nos mandan a Rusia.
¡A Rusia! Allí ya no hay guerra.
En la lejanía retumba el frente. Tiemblan las paredes de las
barracas.
Nos mandan hacer una rigurosa limpieza. Las órdenes se Erich María RemarqueSin novedad en el frente
106
suceden. Nos pasan revista una vez tras otra. Lo que está roto lo
cambian por equipo en buen estado. En todo esto yo puedo pescar
una irreprochable guerrera nueva y Kat, naturalmente, un equipo
completo. Corre la voz de que se acerca la paz, pero la otra versión
es más aceptable, seguramente nos mandan a Rusia. Sin embargo,
¿para qué necesitamos enRusia un uniforme en buen estado? Por fin
todo queda aclarado: el Káiser viene a pasar revista. Ahora se
explican todos estos preparativos.
Ocho días trabajando sin parar, esto parece un cuartel de
reclutas con tanto ejercicio y tanta limpieza. Todos estamos
enfadados y nerviosos; una limpieza tan exagerada ya no es para
nosotros y el paso de desfile todavía menos. Precisamente estascosas son las que nos ponen furiosos cuando estamos en las
trincheras.
Por fin llega el momento. Nos cuadramos, rígidos, y aparece el
Káiser. Sentimos curiosidad por ver su aspecto. Pasa por delante de
nosotros, andando a lo largo de las hileras y, a decir verdad, me
decepciona un poco; por las fotografías me lo había imaginado más
alto, más vigoroso y, sobre todo, con una voz detrueno.
Reparte cruces de hierro y habla con algunos. Después nos
retiramos.
Al cabo de un rato lo comentamos entre nosotros. Tjaden dice
asombrado:
— ¿Así, éste es el que manda más que nadie? ¿Delante de éste
se han de cuadrar todos, absolutamente todos?
Medita.
— ¿Hindemburg también ha de cuadrarse delante de él? ¿Qué
os parece?
—Naturalmente —contesta Kat.
Tjaden todavía no...
tracking img