Capitulos eliminados

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Stephenie Meyer (Capítulos eliminados)

Crepúsculo

En Las Vegas A la mañana siguiente, fuimos al casino. La luz natural nunca llegaba a tocar la zona de juego, así que fue más fácil. Edward me contó que generalmente esperaban ir a perder algo de dinero en el hotel - una suite como la nuestra estaba reservada para aquella clase especial de visitantes conocidos como grandes apostadores.Mientras ellos caminaban - y yo iba en mi silla de ruedas - a través de los miles de metros de suelo elegantemente decorado del casino, Alice se detuvo tres veces en una peculiar tragaperras y deslizó una targeta por el escáner. Cada vez que lo hacía, las sirenas sonaban muy fuerte, las luces giraban, y una simulación electrónica de monedas cayendo indicaba que su premio había sido abonado a suhabitación. Ella trató que yo lo hiciera una vez, pero negué con la cabeza con escepticismo. - Pensé que se suponía que deberías perder dinero - le acusé. - Oh, lo haré - me aseguró - Pero no hasta que les haga sudar un poco. - Su sonrisa era pecaminosa. Llegamos a una sección más lujosamente decorada del inmenso casino, donde ni habían tragaperras ni turistas vestidos de forma informal con vasos deplástico llenos de cambio. Las sillas de felpa reemplazaban los taburetes giratorios de bar, y las voces eran silenciosas, serias. Pero nosotros continuamos aún más lejos, a través de un conjunto de vistosas puertas doradas hacia otra habitación, una habitación privada, más opulenta aún. Al fin entendí porqué Alice había insistido en la seda cruda, el chal verde esmeralda que me había puesto hoyalrededor de mi vestido, porqué ella vestía con un largo pareo blanco satinado con un top de encaje que dejaba al descubierto su plano y blanco estómago - y porqué Edward estaba tan abrumador e irresistble con otro traje de seda ligera. Los jugadores de esta habitación estaban vestidos con un exclusivo esplendor cuyo coste estaba más allá de mi imaginación. Unos cuantos de los hombres más mayores eimpecables hasta tenían jóvenes mujeres con vestidos largos de brillantes y sin tirantes que estaban detrás de sus sillas, tal como en las películas. Me compadecí de las bellas mujeres en cuanto sus ojos recorrieron a Alice y Edward, dándose cuenta de sus propios defectos cuando ellas midieron a la primera, y los defectos de sus parejas cuando se comían con los ojos al segundo. Yo era el enigma, y susojos se apartaron de mí insatisfechas. Alice se deslizó hacia las largas mesas de la ruleta y yo me avergonzé en cuanto pensé en los estragos que causaría. - Tú sabes cómo se juega al black jack, por supuesto - Edward se inclinó hacia delante para murmurarme en la oreja. - ¿Estarás de broma? - Sentí el color escurriéndose de mi cara.

- Sabiendo la suerte que tienes, dejarte jugar sería lamejor forma de perderlo todo - rió entre dientes. Me empujó hacia una mesa con tres sillas vacías. Dos immaculadamente vestidos, excepcionalmente solemnes hombres asiáticos echaron un vistazo hacia arriba con incredulidad en cuanto Edward me levantó con cuidado hasta una de las sillas de terciopelo, y cogió un asiento al lado mío. La delicada y preciosa oriental que estaba de pie al final de la mesamiró con una insultante incredulidad cuando Edward acarició mi pelo posesivamente. - Sólo usa una mano - me habló en voz baja casi en silencio en mi oído - Y guarda tus cartas encima de la mesa. Edward le habló al crupier en voz baja, y aparecieron dos impresionantes pilas de fichas de azul oscuro encima de la mesa enfrente de nosotros. No tenían números - y tampoco lo quería saber. Edward empujóhacia delante una pequeña pila de las suyas, y una más grande de las mías. Miré enfurecida a Edward con un avergonzado pánico, pero él sólo sonrió con travesura mientras que el crupier repartía las cartas rápidamente. Cogí mis cartas con cuidado, sujetándolas con rigidez sobre la mesa. Tenía dos nueves. Edward cogía sus cartas sin apretar; pude ver que tenía un cinco y un siete. Miré con...
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