Carlos gardel; los faisanes del abasto

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  • Publicado : 29 de diciembre de 2010
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Carlos Gardel

Los faisanes del Abasto

En el año 1911, en la esquina de Humahuaca y Agüero, frente al desaparecido mercado de Abasto –uno de los sitios más peligrosos de Buenos Aires en esa época–, se enfrentaron en un duelo de puñales dos conocidos personajes de esa insumisa barriada: uno, el muerto, era Juan Carlos Argerich, el otro (el que habría de purgar su muerte en la cárcel) era JoséCielito Traverso, dueño del café O'Rondeman y uno de los hombres más malos de la ciudad. La pelea fue por dinero, luego de un truco impiadoso que duró dos días. Se dijo que la suma que estuvo en juego era irrisoria, pero que Cielito no podía permitir que alguien que había perdido se fuera sin pagar. Era cuestión de orgullo... y de vino abundante, que cuando no es del bueno saca a relucir lasfurias más escondidas de las personas. Además, Cielito tenía la misma manía ridícula que Voltaire le adjudica al Dalai Lama: creía que siempre tenía razón. Por eso –dicen– Cielito Traverso era de cuchillo fácil y corazón generoso.
En el otro extremo de la ciudad, en Balvanera Sur (más precisamente en la esquina de Moreno y Entre Ríos), otro humoso cafetín, llamado El Pelado, rendía también suculto cotidiano a las barajas. Pero aquí reinaba el monte criollo y el Pelado –el dueño del café, cuyo nombre se perdió en las brumas de la crónica y del cual sólo quedó su apelativo– era un hombre duro pero bueno, de prudente revólver al cinto. La barriada era algo más apacible que la otra y por eso muy pocos debían allí alguna muerte. El parroquiano más célebre era un muchacho uruguayo llamado JoséRazzano, que cantaba con agradable voz de tenor acompañándose malamente con una guitarra desastrosa. Entonando cifras, estilos y rancheras se pagaba la única comida que hacía al día y sacaba además unos pesos para los vicios. Hasta ese lejano café llegaron las muchas mentas de un morocho que cantaba lindo en el Abasto, del cual se decía que no tenía rivales.
Era lógico que el Morocho y elOriental se encontraran una noche para medir sus quilates. Fue en la casa de un vecino del Abasto, llamado Gigena, y ante una treintena de personas, todas armadas. Algunos presentían una masacre, ya que por entonces las rivalidades se dirimían con acero o con plomo. Carlos Gardel –el Morocho del Abasto– estaba rodeado de los cinco hermanos Traverso, y José Razzano –el Oriental– había llegado con mediadocena de amigos. Cuando cantó Razzano (la cortesía indicaba que las visitas debían hacerlo primero), Gardel quedó entusiasmado con su voz de tenor bien templada, hermosa en los pianísimos y audaz en el falsete. Dicen que se levantó entusiasmado y le dio la mano con gran efusión. Cuando comenzó a cantar el Morocho, un gordito de cara redonda y crencha engrasada partida al medio, Razzano sintióque el corazón se le alegraba. Terminaron a la madrugada, tomando mate y prodigándose elogios mutuos y consejos.
Unas noches después, la escena se repitió en El Pelado, como imponía la costumbre. Quienes estuvieron presentes esas dos noches, dijeron que no fue un duelo sino un concierto, porque los muchachos simpatizaron de tal modo que pronto se hicieron amigos entrañables. Así, de esa formamitológica, empezó el dúo Gardel-Razzano, una dupla que iba a dominar la escena de Buenos Aires durante largos años. Sus integrantes –especialmente uno de ellos– se iban a transformar en los artistas más populares de su tiempo. Años después, cuando Razzano se fue quedando sin voz, se convirtió en el representante y apoderado de su amigo y lo ayudó a dar los primeros pasos hacia las cumbres más altasdel estrellato. Poniendo al tango, de paso, en el alto sitial que le corresponde dentro de la música popular de todo el mundo.
Pero el éxito no le llegó fácil al Morocho: pasó mucha hambre en el trayecto. Y si después Gardel comió bien y mucho no fue por simple gula sino porque tenía alma de goloso. Un don que, como el milagro de su voz, le llegó desde el nacimiento. A los 21 años, a fuerza...
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