Carneluti

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EL COMODATO Y CARNELUTTI

Se iniciaba apenas la década de los 50 cuando inesperadamente anuncio Carnelutti su retorno a la cátedra en la Universidad de Roma. El acontecimiento provocó talinterés y revuelo que ninguna aula de la Universidad, sino solo el magnífico Palacio de Farnesio fue el recinto suficiente y solemne para dar la bienvenida al maestro.
Varios años de voluntariocautiverio, alejado de la cátedra y aun de Italia su patria, había pasado Carnelutti recluido en Suiza con la idea de olvidarse de su pasado, abatido por el recuerdo de su hijo en quien había cifrado él susesperanzas para que continuara su obra en el mundo, pero que infortunadamente había perecido en acción bélica durante la última guerra.
Llego así el maestro ante aquel auditorio tan numeroso comohabido de escuchar sus palabras, y empezó su alocución refiriendo que con la pérdida de su hijo había considerado el liquidadas por completo su obra y su vida, pero que sin embargo, en la soledady en el silencio de aquel ostracismo voluntario, había reflexionado que Dios le había dado el talento del Derecho, para que hasta el final de sus días lo hiciera fructificar al máximo, y que porello no tenía el facultad alguna para sepultarlo y dejarlo improductivo.
Fue entonces cuando Carnelutti, valiéndose del Derecho, comparo con un comodato la recepción de los bienes por el hombre,explicando al efecto que se trataba de un préstamo gratuito, por no tener el hombre derecho alguno para exigirlos; de un préstamo limitado en cuanto al uso, porque no era para hacer derroche ni malaprovechamiento, ni tampoco para enterrarlos, sino solo para lograr el mayor rendimiento de ellos en beneficio de los demás; y concluyo aquella inolvidable intervención evocando la enorme gratitudque sentía hacia Dios que le hubiera prestado en comodato a su hijo por el tiempo en que este permaneció con él hasta que el propio Dios decidió como su dueño recogerlo y llevarlo a su lado.
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