Carta a una señorita de paris

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Carta a una señorita en París

Denise Phé-Funchal para lectura de narrativa “Se abrió paca”

Él deja la carta una vez más sobre el escritorio luego de escribir un par de líneas. Se toma la cabeza entre las manos, se levanta, se acerca a la cama, la mira fijamente, no puede sentarse, el llanto disfrazado de suspiro se escapa entre sus labios. Se dirige al balcón, los nervios se apoderan de susmanos, de sus dedos que lloran y no le permiten abrir la puerta de vidrio, el cuerpo conspira y lo obliga al encierro, a no poder respirar la calle. Vuelve, contempla la carta y nos mira desesperado, y nosotros Andrée, nosotros volvemos a la actitud de conejos, de conejitos, saltamos de un mueble a otro, bullimos y pegamos el hocico a las sábanas de su habitación. No sé cómo explicarle Andrée, esla primera vez que pasa, es la primera vez que somos tantos, que somos tantos y que el trébol no alcanza para llenarnos, para alcanzar el tamaño adecuado para llevarnos con la señora Molina.

Nacíamos una vez al mes, una vez cada cinco o seis semanas. El color de nuestro pelaje dependía del tipo de fantasía que él tuviera. Grises para los días en que quería una vida normal, una vida de hijos ytrabajo de escritorio, una vida de deudas y libretas de ahorro, de preocupación por jubilaciones y solitarios asilos; negros cuando el impulso le mandaba asesinar, a ahorcar a la casera, al vecino, a la señora de Molina que dudaba recibir un conejito más; y blancos Andrée, blancos cuando el cosquilleo en el sexo se traducía en emociones ilocalizables, emociones que le asustaban, que le recordabanhistorias de cuerpos ardiendo en el infierno por culpa de las tentaciones carnales.

Así nacimos. Formándonos en el centro de su estómago cada vez que las emociones amenazaban con cerrarle la garganta, con impedir el más mínimo paso de aire. Él siempre fue un hombre reservado, de los que salen poco, de los que cambian de casa cada vez que sus temores se ven amenazados, de los que temen ver loscuerpos, mucho más sentirlos, y usted Andrée, si bien lo vio solamente un momento para entregarle las llaves del apartamento y decirle que Sara esperaba arriba, le permitió vivir en su espacio.

Primero nací yo, momentos después de que usted cerrara la puerta del taxi y se marchara hacia París. Nací en el ascensor, entre el primero y el segundo piso. Él no me esperaba, apenas hacía unos díashabía vomitado un conejito, uno gris, el día que usted le dijo que podía ocupar su apartamento de la calle Suipacha. Que yo apareciera blanco y más lindo que los anteriores, fue una sorpresa. Él pensó en matarme, en darme cuatro, quizá tres cucharadas de alcohol, envolverme y dejarme en el bote de la basura como un desecho más del cuarto de baño. Me escondió en el bolsillo de su camisa y el aroma alavanda me llenó. Un hombre que huele a lavanda no es capaz de asesinar. Es capaz de vomitar conejitos.

En los días siguientes, nacieron los demás. El primero después de mí, uno negro nació luego de que Sara entrara sin avisar a la habitación justo en el momento en que él me tomaba entre sus manos para soltarme sobre la cama. La sorpresa y el temor de que nos descubrieran provocaron en él iracontra Sara, ganas de estrujar su pequeño cuello entre las grandes manos que me protegían de su vista. Ella entró sin fijarse en nada, yo podía verla a través de los dedos que me contenían, tomó una agenda de la gaveta de la mesa de noche, dijo que usted estaba al teléfono, se disculpó por entrar sin tocar y cerró la puerta al salir. Un conejito negro se asomó entre los labios. Días después uno gris,luego de que él ojeara el álbum de fotos en el que usted aparece junto a sus padrinos en su bautismo y en diferentes cumpleaños.

Usted llamó en los días siguientes. Llamó varias veces ¿recuerda? Necesitaba información sobre algo que Sara no encontraba y habló con él directamente en diferentes ocasiones, y luego, luego sin fallo venía otro, vomitaba otro, todos blancos, hasta que usted...
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