Carta

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  • Publicado : 5 de octubre de 2010
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El Jefe Seattle, envió en 1854 al gran Jefe de Washington, una carta en respuesta a la oferta de comprarle una gran extensión de tierras indias y crear una reserva para elpueblo indígena.
¿Cómo se puede compara o vender el firmamento, ni el calor del?. Dicha idea nos es desconocida, si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de lasaguas, ¿cómo podrán ustedes comprarlos?. Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante, mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío enlos bosques, cada colina y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los arboles lleva consigo lasmemorias de los pieles rojas.
Los muertos del hombre blanco olvida su país de origen cuando emprende sus paseos entre las estrellas: en cambio puesto que es la madre de lospieles rojas. Somos parte de la tierra, y así mismo, ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo , la gran águila; estos son nuestroshermanos. Las inclinadas peñas , los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenemcemos a la misma familia. Por todo esto cuando el Gran Jefe deWashington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierra, dice que nos reservara un lugar en el que podamos vivir confortablemente entre nosostos. El se convertirá ennuestro padre. Por ello, consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Esto no es fácil, ya que esta tierra es sagrada para nosotros. El agua cristalina que corre por losríos y arroyos no es solamente agua, sino que también representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos tierras, deben recordar que es sagrada yu que cada refle
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