Cartas a un joven ingeniero

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Carta I
Sobre la verdadera vocación
Querida Vero:
Tu decisión de estudiar ingeniería, que me has comunicado
con esa cara alegre y satisfecha con que
siempre expresas lo que supones me ha de llenar de júbilo,
me lleva a algunas reflexiones que plasmo en esta
carta, siguiendo aquella vieja y maravillosa costumbre
de la comunicación epistolar, tan disminuida por
los adelantos tecnológicos,pero aún no superada ni en
sus características de cosa muy personal y de objeto afectivo
y privado, y que tanto nos uniera cuando tú, muy
menor, fuiste a estudiar fuera del país.
La primera de mis reflexiones toca un aspecto delicado
e importante, fundamental te diría, que es el de
tu vocación para la profesión que has elegido; superado
éste, y ratificada en su caso tu decisión, podríamosiniciar un diálogo que nos permitiera ahondar tanto
en los grandes asuntos de la profesión como, desde luego,
en los detalles que le dan sentido y contenido a la
vida profesional.
Quiero expresarte que estaré satisfecho, encantado,
si seleccionas la actividad profesional que te ofrezca
la posibilidad de realizarte a plenitud; la que sea,
la que te permita colmar tus expectativas, la que tedé
la oportunidad de gozar en su realización, de buscar
con el ánimo del descubridor caminos nuevos y retos
de altura; la que te abra el horizonte de todos los
anhelos y garantice a tu dedicación la proscripción del
tedio; la que te entregue, en suma, al desarrollo y al
goce pleno de tus facultades. Esa es la llave para que seas
una profesional de excelencia, meta que debe tener todapersona que aspira a un título.
Lamentablemente, no siempre ocurre que se analicen
con cuidado las aristas de un asunto tan especial como
es decidir a qué te vas a dedicar profesionalmente
el resto de tus días. Y no sólo eso: a menudo el momento
de la elección está señalado con mensajes inciertos, con
restricciones innecesarias, con desinformación o con información
insuficiente, o incluso connormas, costumbres
y tradiciones que coartan la libertad.
Hace no mucho, las familias mexicanas aspiraban
a contar entre sus miembros a un militar, a un médico
y a un sacerdote —siempre hablando de los hijos varones,
ya que las mujeres estaban claramente limitadas
a atender el hogar, cuando no a consagrarse a
Dios—. Hoy, aunque se han modificado tales patrones,
no hemos superado del todo esaconsideración
ancestral y, con otros matices pero con criterios muy semejantes,
continuamos “orientando” o tratando de orientar
a nuestros
hijos por los senderos que —a menudo sin
siquiera comentarlo con ellos— juzgamos más seguros,
más dignos o más rentables.
Todos conocemos al padre que exige a su hijo, quien
pretende ser torero, futbolista, violinista o pintor, que
antes de dedicarsea “eso”, le traiga su título de arquitecto
o de doctor. Y conocemos también al licenciado, al
ingeniero, al médico o al odontólogo que estudiaron
sin vocación, lanzados a esas profesiones sólo porque
en su familia, durante generaciones, alguien las ha
estudiado o porque lo hicieron su padre o su madre, a
quienes admiran o creen que admiran en lo profesional.
También conocemos a quienes sededican a cosa
diferente
a la que estudiaron o, peor aún, se mecen en la
hamaca de la mediocridad profesional y lamentan con
amargura su mala elección.
Yo sé, querida Vero, que tú has demostrado en todo
instante firmeza en tus decisiones y carácter, pero
considero
necesario en este momento preciso —nunca
estará
de más— subrayar la importancia de acogerte,
sin cortapisa
alguna yúnicamente, a tu albedrío;
deshazte de toda atadura, no tomes en consideración,
de ninguna manera ni con ningún matiz, si a tus padres
o a persona
distinta de ti les gustaría que fueras una
cosa o la otra. Escucha, pide opiniones, pero que al
final sean sólo tus intereses, tus gustos, tus aspiraciones,
tus habilidades, tu sensibilidad, tu vocación, los
que definan tu decisión. Así lograrás...
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