Cartas a una joven psicologa

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CARTA 1

La flor que afecta una estrella

Querida Maty:
Me entusiasma que quieras estudiar psicología —des­pués de la literatura, es mi disciplina predilecta—, aunque debo prevenirte contra posibles frustracio­nes. Y es que, mira: a más de dos mil años de la muerte de Sócrates y su famoso consejo: "conócete a ti mismo", todavía no sabemos bien a bien qué estudia la psicología.
Nuestra mentetiene aún vastas regiones sin ma­pas que las identifiquen. En relación con la fauna que ahí habita no somos zoólogos profesionales, qué va, sino meros aficionados y coleccionistas de ejem­plares curiosos. ¿Qué le vamos a hacer, Maty? Los psicólogos están más cerca del osado boy-scoutque del científico riguroso, que todo lo quiere compro­bado en laboratorio para darle validez. Buenas razones haypara que así sea.
Si, decíamos, no existe en la topografía humana paisaje menos explorado que el de la mente, en­tonces casi todo lo referente a ella está por decirse; mejor dicho, por pensarse y discutirse. Y es lo que hacemos, discutir cada vez que sacamos a colación el tema, sentirnos todos psicólogos con derecho a opinar. Si un médico habla sobre el corazón y la circulación de la sangre, looímos con modestia y curiosidad. Pero si un psicólogo lo hace sobre la sexualidad infantil, no falta el que tuerce la boca y lo interrumpe.
O sea, primer consejo: no andes diciendo por ahí que vas a estudiar psicología: por tu edad y sensibili­dad, van a suponer que la que tiene flojo un tornillo eres tú. Segundo consejo: si lees algo sobre psicolo­gía, guárdatelo y no lo comentes entre familiares yallegados. Te podrían frustrar —y es lo más peligroso que puede sucederte— los comentarios que provo­carías. Mucho menos interpretes el sueño de una ami­ga: tienes altas probabilidades de ofenderla.
Toma tu distancia: como el astrónomo hace con el sol, es la mejor manera de conocer a la gente.
Y es que, hay que reconocerlo, las definiciones y los rumbos de la psicología son de lo más disímilesy casi nadie se pone de acuerdo en nada.
Que si es el estudio del alma (Aristóteles).
¿Pero cuál alma?, se preguntan los conductistas. ¿Quién la ha visto? (¿Tú has visto el alma de al­guien, Maty?) Bien mirado al actuar, el hombre es puros aspavientos, reacciones a estímulos exterio­res, reflejos condicionados, se mueve —o saliva— como el hambriento perro de Pavlov cuando le sonaban la campanitaantes de llevarle unas ricas croquetas; si queremos curar al hombre hay que descondicionarlo, cambiarle los aspavientos y el sonar de ciertas campanitas peligrosas, punto.
¿O, por el contrario, será que nuestra mente es una especie de gran mar, con apenas unos cuantos islotes y palmos de agua apacible iluminados por el sol —región llamada conciencia— y vastas, tur­bulentas y oscurasprofundidades pobladas por amenazantes monstruos marinos que se la pasan queriendo subir a la superficie —región llamada inconsciente? (Freud).
Aunque, fíjate, hay quienes niegan la existencia de ese inconsciente (todo el mar, el de la superficie y el de las profundidades, es uno y el mismo) y lo traducen en pura "mala fe" ante nosotros mismos. Como dice el refrán: "no hay peor ciego que el que no quierever": un negarnos permanentemente a darnos cuenta de lo que en verdad queremos por­que no conviene para nuestros fines últimos y para la imagen que pretendemos de nosotros mismos, bola cíe hipócritas (el psicoanálisis existencial).
Pero, piénsalo, tal vez lo que predomina en nues­tras motivaciones es el instinto de poder (de Po­der), de dominio de los demás —"ahora yo me los friego para que se lesquite"—, de una implacable y continua conquista afectiva y territorial, de autoafirmación en todo y con todos —"mi mujer es mía, mis hijos son míos, mi casa es mía, mi negocio es mío"—, que en realidad tan sólo compensa — oh frustración darse cuenta— un escondido com­plejo de inferioridad (Adler).
¿O no será de veras que el medio social y políti­ca > en el que nacemos y crecemos marca con una...
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