Catequesis jp ii sobre escatol

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CATEQUESIS JUAN PABLO II SOBRE TEMAS DE ESCATOLOGIA

CATEQUESIS DE S.S. JUAN PABLO II El Espíritu y el «cuerpo espiritual» resucitado 4 de noviembre de 1998
1. «Nosotros —enseña el apóstol san Pablo— somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como salvador al Señor Jesucristo, el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder quetiene de someter a sí todas las cosas» (Flp 3, 20-21). Como el Espíritu Santo transfiguró el cuerpo de Jesucristo cuando el Padre lo resucitó de entre los muertos, así el mismo Espíritu revestirá de la gloria de Cristo nuestros cuerpos. San Pablo escribe: «Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos darátambién la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros» (Rm 8, 11). 2. La fe cristiana en la resurrección de la carne ya desde sus inicios encontró incomprensiones y oposiciones. Lo constata el mismo apóstol san Pablo en el momento de anunciar el Evangelio en medio del Areópago de Atenas: «Al oír hablar de resurrección de los muertos unos se burlaron y otros dijeron:"Sobre esto ya te oiremos otra vez"» (Hch 17, 32). Esa dificultad se vuelve a presentar también en nuestro tiempo. En efecto, por una parte, incluso quienes creen en alguna forma de supervivencia más allá de la muerte, reaccionan con escepticismo ante la verdad de fe que esclarece este supremo interrogante de la existencia a la luz de la resurrección de Jesucristo. Por otra, hay también quienes sientenel atractivo de una creencia como la de la reencarnación, arraigada en el humus religioso de algunas culturas orientales (cf. Tertio millennio adveniente, 9). La revelación cristiana no se contenta con un vago sentimiento de supervivencia, aun apreciando la intuición de inmortalidad que se expresa en la doctrina de algunos grandes buscadores de Dios. Además, podemos admitir que la idea de unareencarnación brota del intenso deseo de inmortalidad y de la percepción de la existencia humana como «prueba» con miras a un fin último, así como de la necesidad de una purificación completa para llegar a la comunión con Dios. Sin embargo la reencarnación no garantiza la identidad única y singular de cada criatura humana como objeto del amor personal de Dios, ni la integridad del ser humano como«espíritu encarnado». 3. El testimonio del Nuevo Testamento subraya, ante todo, el realismo de la resurrección, también corporal, de Jesucristo. Los Apóstoles atestiguan explícitamente, remitiéndose a la experiencia que vivieron en las apariciones del Señor resucitado, que «Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de aparecerse (...) a los testigos que Dios había escogido de antemano anosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de entre los muertos» (Hch 10, 40-41). También el cuarto

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evangelio subraya este realismo, por ejemplo, cuando nos narra el episodio del apóstol Tomás, a quien Jesús invitó a meter el dedo en el lugar de los clavos y la mano en el costado atravesado del Señor (cf. Jn 20, 24-29);y en la aparición que tuvo lugar a orillas del lago de Tiberíades, cuando Jesús resucitado «tomó el pan y se lo dio, y de igual modo el pez» (Jn 21 13). Ese realismo de las apariciones testimonia que Jesús resucitó con su cuerpo y con ese mismo cuerpo vive ahora al lado del Padre. Ahora bien, se trata de un cuerpo glorioso, ya no sujeto a las leyes del espacio y del tiempo, transfigurado en lagloria del Padre. En Cristo resucitado se manifiesta el estadio escatológico al que un día están llamados a llegar todos los que acogen su redención, precedidos por la Virgen santísima, que «terminado el curso de su vida terrena, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celeste» (Pío XII, constitución apostólica Munificentissimus Deus, 1 de noviembre de 1950: DS 3903, cf. Lumen gentium, 59). 4....
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